LA PACIENCIA Y LA FE DE LOS SANTOS

Breve reflexión en tiempos que se resiste la profecía bíblica

“Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos” Apocalipsis 13:10

Este es un pasaje enmarcado en lo que se conoce como la gran tribulación o el tiempo de angustia para Jacob (Mateo 24:21, Jeremías 30:7). Los creyentes en Cristo en ese período serán perseguidos brutalmente por las fuerzas del anticristo. Ellos morirán por causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo (Apocalipsis 13: 7, Apocalipsis 20:4). Ellos NO son parte de la iglesia de Cristo la que será librada previo a ese tiempo de juicio (1ª. Tesalonicenses 1:10, 5:9, Apocalipsis 3:10).

 Aunque a primera vista podríamos interpretar el texto como una especia de “ley del talión; ojo por ojo y diente por diente” (Mateo 5:38; Éxodo 21:24-25; Levítico 24:20; Deuteronomio 19:21), el texto y contexto no sostienen esa interpretación. La última frase: “aquí está la paciencia y la fe de los santos” determina el fondo y sentido de la enseñanza del pasaje, que, por cierto, no va por el lado de la justicia retributiva como la ley del “talión” lo determinaba, sino que apunta al valor determinante de la profecía y a la perseverancia o paciencia de los santos.

La verdad es que es un pasaje cuya enseñanza y principio, no solo es aplicable a creyentes en Cristo durante la gran tribulación y en medio de la tiranía del anticristo, sino que para todos los creyentes de todos los tiempos; los cuales siempre han vivido persecuciones y han tenido que transitar en angostos y peligrosos caminos. La carta a los hebreos describe muy bien la impronta de todos aquellos que anduvieron por fe:

“…experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.  Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” hebreos 11:36-38

Cuando observamos la composición original del texto griego, vemos que la expresión más literal del pasaje es: “el que está destinado a la cautividad, a la cautividad irá; si alguno está destinado a morir por espada, a espada morirá”. Ciertamente, leerlo de este modo, nos permite entenderlo mejor y ajustarlo armoniosamente con todo lo que se está narrando en el capítulo 13 de apocalipsis. No en vano el versículo que lo precede dice: “Si alguno tiene oído, oiga” Apocalipsis 13:9; porque bien sabemos que no todos tienen oídos para oír.

El capítulo 13 de apocalipsis es la historia por cumplirse, y cada detalle deja ver el control soberano de Dios, quien concede al anticristo las acciones que este debe realizar para que se cumpla plenamente aquel itinerario determinado desde antes. En otras palabras, todo lo que Dios ha querido, él lo hará (Salmos 115:3, 135: 6). Nadie podrá torcer el curso de la profecía. Todo lo que está destinado que se haga, ciertamente se hará.  Si Dios ha destinado persecución, padecimiento, cautividad o espada para su propio pueblo, eso es lo que se cumplirá. Nadie, por más que se resista, podrá evitar que la profecía se cumpla. Por eso que el texto dice: “el que está destinado a la cautividad, a la cautividad irá; si alguno está destinado a morir por espada, a espada morirá”.

Además, se revela que, quien controla los plazos de la “agenda” profética es Dios y nadie más. La biblia dice que: “También se le dio boca (al anticristo) que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses” Apocalipsis 13: 5. Con que precisión la biblia nos enseña los plazos y el “Cronos” de la profecía. Nadie, por más que se afane, podrá adelantar o atrasar los tiempos y las edades. La biblia dice que Dios es quien muda los tiempos y las edades (Daniel 2: 21a)

El perder la perspectiva de las cosas del Dios soberano, se traduce inmediatamente en volver la vista en las cosas de los hombres. Así ocurrió con Pedro, y así ocurre con la cristiandad actual que pretende “resistir el curso de la profecía” para pretender “defender” al Señor de los malvados que se están multiplicando en la actualidad. Pero, ¿acaso no dice la escritura que esto ocurrirá así? ¿Será que se está cometiendo el mismo error de muchos, menospreciando las profecías? Un ejemplo notable lo encontramos cuando El Señor le entrega a Pedro una dramática profecía en la que este sería el protagonista en un corto plazo. Jesús le dice:

“…De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces” Mateo 26:34

Esta profecía fue dicha inmediatamente después de que el impulsivo Pedro había ignorado una profecía anterior que El Señor les anunció a todos cuando dijo: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas” Mateo 26:31

Aunque esto ya había sido dicho al menos quinientos años antes por el profeta Zacarías (Zacarías   13:7), y que, como bien sabemos, tuvo su cumplimiento literal desde el arresto de Jesús en el huerto de Getsemaní en el olivar, sin embargo, Pedro, aquel que “no se iba a quedar con sus brazos cruzados” [como se razona hoy en medio de una iglesia compulsiva e insolente], dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26: 33). Pero la profecía siguió su curso y se cumplió literal y plenamente, tal cual El Señor ya lo había anticipado. Es decir, todos se escandalizaron de Jesús incluyendo a Pedro, y es más, este mismo terminó negándole tres veces, tal como El Señor lo había previamente profetizado y en el cronos de Dios: “antes que el gallo cante”.

Entonces, que diremos pues, ¿Le sirvió a Pedro resistir lo que el propio Señor ya había profetizado? ¿Sacó algo en limpio, luego de cortar la oreja a Malco para pretender defender al Señor? En ninguna manera (como diría Pablo). Es en ese episodio, cuando nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo entrega una tremenda enseñanza para Pedro y también para nosotros:

“Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? Mateo 26: 53-54

Una vez más, vemos que todo lo que está destinado que suceda, sucederá. A diferencia de la iglesia actual, los creyentes del primer siglo lo sabían muy bien al decir: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” Hechos 4:27-28

Otro ejemplo, también en relación con Jesús y Pedro, lo tenemos en el evangelio de Juan donde dice: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” Juan 21: 18

Por un minuto, imagínese estando en “el calzado” de Pedro, escuchando tal magna profecía respecto a su propio futuro… ¿Qué sentiría Ud., o que diría? al oír: “…cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”. El Señor Jesucristo estaba profetizando sobre la muerte de Pedro. El versículo que sigue dice: “esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios” Juan 21:19. La historia señala que Pedro fue martirizado siendo crucificado boca abajo. La profecía de Jesús se cumplió. Nadie la pudo resistir. Pablo decía: quién ha resistido a su voluntad? Romanos 9:19

Los creyentes actuales resistiendo la profecía

Sin embargo, en la actualidad, no solo se ve una profusa cristiandad que menosprecia y desestima las profecías, pero aún más, la resisten pretendiendo torcer su curso y la mano soberana de Dios, quien, como dijo Job: “…si él determina una cosa, quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo” Job 23:13

Hoy existe un lamentable desprecio al atributo de la soberanía de Dios. La iglesia desde el siglo IV, ha tomado tal protagonismo, que ella misma se ha vuelto (presumidamente) soberana, en consecuencia, ella es la que determina, decreta, ejecuta, y se encumbra tras objetivos a los cuales Dios nunca le ha enviado. Hoy es frecuente escuchar que la iglesia tiene poder para cambiar la sociedad y lograr sus metas. Algunos osados dicen que es tiempo de que la iglesia use todos los elementos sociales, como la cultura, la política y la ciencia para “impactar” al mundo y ganarlo para el reino. Otros dicen que la iglesia puede retrasar la agenda del diablo, etc. etc. En resumen, es la patética actitud de resistir la profecía, ignorando que “el que está destinado a la cautividad, a la cautividad irá; si alguno está destinado a morir por espada, a espada morirá”.

La paciencia y la fe de los Santos

Los creyentes no estamos para escribir nuestro propio destino, sino para enseñar y caminar en conformidad con los propósitos soberanos de Dios. Y en medio de esa ardua labor, necesitamos siempre paciencia y fe. Pablo le decía a los Romanos: “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” Romanos 5:3-4

 Esta es la secuencia del peregrino: Tribulación – Paciencia – Prueba – Esperanza. Note que la paciencia no es un resultado de un remedio instantáneo o producto de un chispazo mágico; es el producto de las tribulaciones. Sin tribulaciones (dificultades, penas, adversidades etc.), no se produce paciencia. Luego la paciencia es probada, y en la prueba, nuestra mira se proyecta siempre hacia nuestra esperanza. Es decir, sin tribulación, no hay paciencia; y sin la prueba de la paciencia, no hay esperanza. La biblia dice: “sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” Santiago 1:3

 No olvidemos que la palabra “esperanza” habla de “espera”, y la espera requiere paciencia. El mismo Santiago dice: “hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” Santiago 5:7

Pero entendamos que nuestra naturaleza caída se resiste a la tribulación, a la paciencia y a la prueba, y no vivimos conforme a la esperanza.  Como personas naturales, queremos todo instantáneo, y creemos que las bendiciones de Dios siempre deben ser motivos de alegría, plenitud y prosperidad. De la misma forma, la cristiandad tibia del último tiempo no tiene paciencia, porque no está dispuesta a vivir la tribulación en esperanza. La verdad es que hoy hay muchos “cristianos desesperados”. Desde sus pulpitos no se habla de la esperanza que alienta el creyente, sino que se les miente diciendo que “este mundo cambiará, lo malo pasará, el avivamiento llegará, etc. etc.” Esto me hace recordar a los falsos profetas que denunciaba Jeremías: “No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Dios” Jeremías 23:17

El Señor nos manda a mirarlo como un Dios sentado en Su Trono, desde donde ejerce plena soberanía. Entendiendo y creyendo que todo lo que él determina, eso se hará. Así será en el tiempo de la gran tribulación. Todos sus escogidos en ese tiempo, y que han de ser destinados a cautividad, a cautividad irán; y todos aquellos que estarán destinados a morir a espada, a espada morirán. Tal cual como el propio Señor lo enseñaba en su memorable sermón: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” Mateo 6:27

Amados hermanos, la biblia dice que la fe es “certeza de lo que se espera” (hebreos 11:1), y esa certeza, aunque ahora no veamos nada en el horizonte de este mundo en medio de un mar turbulento, es nuestra bendita esperanza que se mantiene intacta. En medio de un mundo de maldad, se prueba la fe y la paciencia o perseverancia de los santos, para que nuestra mirada este allá; en lo invisible, en lo porvenir, en nuestra bendita esperanza de gloria. ¿lo crees?  Como les dice Pablo a los romanos:

“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” Romanos 8: 24-25

 Que así sea. Amén. Maranata.

PEL 05/2021

Categorías: Devocional

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