EL GOZO EN LA ESPERANZA

“gozosos en la esperanza…” Romanos 12:12a

En medio de diversas instrucciones hacia los deberes cristianos que el apóstol Pablo detalla, a partir del capítulo 12 de la carta a los romanos, aparece este llamado tan necesario a estar gozosos sobre la base de la esperanza. Otra traducción dice: “gozándose en la esperanza”. Es decir, el llamado a estar gozosos, es un presente continuo durante nuestro peregrinaje. El gozo es la vitalidad y constante estímulo del peregrino quien transita un por un camino angosto que le conduce hacia su tan anhelada patria celestial.

El gozo no es un producto del esfuerzo humano, sino que es parte del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). El gozo no se fomenta en el mero positivismo humano, o sobre la base de ideas místicas de auto contemplación, sino que la proyección de la esperanza del evangelio. El gozo en definitiva es un privilegio que solo tienen aquellos que han nacido de nuevo por la gracia de Dios.

¿Qué es el gozo?

La palabra gozo a la luz de la biblia, es la extrema alegría y complacencia al tener algo, y además, esperar algo prometido. El gozo es un sentimiento muy superior a la felicidad o alegría temporal, circunstancial o fugaz. El gozo supera la lógica humana. Se puede ver, por ejemplo, cuando los creyentes despiden a un amado hermano en la fe; y en medio de canticos y alabanzas, ellos nos testifican que la muerte no es el fin, sino que el principio de la eternidad. Es el claro entonar de aquel ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1ª Corintios 15:55).

Quien alguna vez ha participado de funerales de legítimos cristianos, podrá corroborar que la pena de la separación por causa de la muerte, se ve superada por aquel gozo de la esperanza de vida eterna. Comúnmente las personas incrédulas preguntan en medio del funeral: ¿por qué los cristianos cantan y se ríen, siendo que deberían estar tristes ante la muerte? La respuesta es precisamente la evidencia del gozo que brota, cual fruto de Espíritu, desde los corazones de aquellos renacidos por la gracia de Dios. Pablo decía:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los que murieron), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” 1ª Tesalonicenses 4:13

El mundo incrédulo no tiene gozo porque no tiene esperanza. La alegría del mundo es solo una manifestación de chispazos de felicidad temporal que no es permanente. Pero el gozo de los creyentes sí. En medio de las adversidades, el canto de alabanza de los cristianos confirma el gozo que mana de sus corazones regenerados. Pablo y Silas cantaban himnos mientras estaban encarcelados injustamente en Filipos; sufriendo los azotes, experimentando el frio, la humedad, la hediondez del calabozo y la mortificación del cepo que aprisionaba y entumecía sus pies. Aun así, el cántico de ellos, daba testimonio antes los oídos de los otros encarcelados incrédulos, del gozo inefable, cual sello de su genuina relación con Cristo (Hechos 16: 23-25). De hecho paradójicamente, Pablo mientras estaba encarcelado en Roma, le escribe a la iglesia en Filipos, cuya palabra predominante en su epístola es precisamente el gozo (Filipenses 1:4, 18,25; 2:2, 17, 18,29; 3:1,4:1,4)

El Señor Jesucristo, el mejor ejemplo de gozo.

Consideremos como el mejor ejemplo de gozo en la adversidad, a nuestro Señor Jesucristo. El libro de hebreos lo describe así:

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.  Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” Hebreos 12:2-3

La palabra que sorprende en medio de estos versículos, es la palabra “contradicción”. Realmente nuestro Señor Jesucristo muestra en su vida, un evidente contraste entre su plena santidad e inocencia ante el infame oprobio de sus verdugos. Y no solo eso, porque Cristo cargó el pecado de todos nosotros. “…El justo por los injustos para llevarnos a Dios” (1ª Pedro 3:18).

No en vano dice el texto que pongamos nuestros ojos en Jesús. Él es nuestro principal referente en todo; en obediencia, en santidad, en justicia, y también en el gozo en medio de la adversidad. El pasaje dice que el gozo estaba delante de él. ¿Qué significa eso? Quizás la mejor manera de interpretar correcta y fielmente el texto, y además responder adecuadamente la pregunta, sería considerando la correlación, leyendo el siguiente pasaje: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” Isaías 53:11

En medio de la afrenta y la ignominia, nuestro Señor Jesucristo miraba más allá del dolor presente y temporal. Su gozo no era un mero placer o culto al dolor como las prácticas de los faquires y monjes hindú-budistas. Ni menos una devoción penitente o de autoflagelación como el paganismo lo expresa en sus ejercicios cultuales. El texto dice que “por el gozo puesto delante de él”. Esta frase tiene armonía con lo que dice el profeta Isaías. Nuestro Señor Jesucristo al ver de antemano el resultado final o “fruto de su aflicción” y de su sacrificio, experimentó con gozo y profunda satisfacción esos momentos de dolor, tristeza y agonía. No olvidemos que El Señor Jesucristo confesó que estaba muy triste y angustiado en el huerto de Getsemaní (Mateo 26: 38), y que su angustia se hacía evidente en medio de un profuso sudor que caía al suelo como grandes gotas de sangre (Lucas 22:44). Sin embargo, la biblia nos dice que Cristo no fue a la cruz con rezongo ni reproche, o de manera vacilante, sino que con gozo. Porque el gozo estaba puesto delante de Él.

La biblia dice que El Señor, cual Jesús-hombre, fue fortalecido en medio de súplicas, lágrimas y acompañado de la presencia angelical (hebreos 5: 7; Lucas 22:43). Su gozo de estar cumpliendo plenamente la voluntad de su Padre, le llevó a afirmar su rostro como un pedernal, ofrendando voluntariamente su cuerpo santo en manos de los impíos. El profeta Isaías dice:

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos. Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal” Isaías 50:6-7

La vida, el padecimiento y la muerte de nuestro Señor Jesucristo, nos permite mirar la perfecta definición del gozo, el cual siempre se proyecta hacia la esperanza de gloria. El gozo es la vitalidad que fortalece al peregrino. La biblia dice que el gozo es nuestra fuerza (Nehemías 8:10).

Cristo también enseñó respecto al gozo para consolación de sus discípulos y su futura persecución. Él pone una fina ilustración acerca de los padecimiento de una mujer encinta, la cual llora y lamenta por los dolores temporales del parto, pero con el gozo cumplido una vez que ésta da a luz a su tan anhelado hijo (Juan 10: 20-22). La lección es que la aflicción temporal no puede arrebatar el gozo de lo que significa aquel cumplimiento de las promesas venideras. Pablo dijo: “como entristecidos, mas siempre gozosos” 2ª Corintios 6:10, y que “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” Romanos 8:18. 

La esperanza produce gozo

Aunque los teólogos y doctores de hoy digan que todo estudio de las profecías sobre los eventos del porvenir o el futuro glorioso de la iglesia (escatología), es un asunto de tercera o cuarta categoría de importancia, la biblia dice todo lo contrario. El enseñar, estudiar y meditar sobre los eventos del porvenir nos produce un gozo inefable, y que es el motor que mantiene la vitalidad del peregrino. El apóstol Pedro presenta esta enseñanza de manera muy clara:

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” 1ª Pedro 1: 3-8

Estos pasajes selectos nos hablan de la alegría y el gozo sobre la base de lo futuro. El versículo 3 y 5 presentan nuestra actual posición como creyentes en Cristo. Ahí se enseña que ya somos hijos de Dios, regenerados para una esperanza viva y gloriosa en los cielos. Herederos de aquella riqueza celestial que está reservada y que se manifestará en aquel tiempo postrero.

Los versículos 6-7 nos enseñan que aquella esperanza de gloria que está reservada, nos alegra aún en medio del crisol de la prueba. Pedro utiliza la figura de la purificación de oro en relación a nuestra fe, la cual es probada hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Finalmente el versículo 8 nos revela que la certeza de una invisible esperanza en nuestro Señor Jesucristo, produce un gozo inefable, es decir, imposible de describir. Pedro usa el vocablo griego “aneklalétos” (ἀνεκλάλητος, ον), que literalmente significa “incapaz de describir o informar completamente; por lo tanto, inexpresable”. De ese tamaño es el gozo que produce el hablar y meditar en lo que significa nuestra gloriosa esperanza. Aunque ahora no vemos nada, sabemos que es la base de nuestra fe, porque no olvidemos que la verdadera fe “convicción de lo que no vemos” (hebreos 11:1b).

De ahí que el apóstol Pablo, también enseña que los creyentes hemos sido salvos en una esperanza gloriosa, pero temporalmente invisible:

“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” Romanos 8:24-25

Nuestra esperanza es temporalmente invisible, pero un día será una realidad. Juan dice que “ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es1ª Juan 3:2. ¿Te produce gozo leerlo? ¡Por supuesto que sí! Nuestra esperanza se nutre exclusivamente por La Palabra de Dios, y se concibe solo por medio de la fe, es decir, a través de aquella profunda certeza y convicción de lo invisible. Eso es precisamente lo que nos produce un gozo inefable y glorioso. Eso es, a lo que Pablo llama a los romanos cuando les dice: “gozaos en la esperanza” (Romanos 12: 12a).

Que así sea. Amén. Maranata!

PEL 06/2021

 

Categorías: Devocional

3 comentarios

Luis castro · 5 de junio de 2021 a las 07:47

Que hermosa enseñanza nos deja la palabra manifiesta de de Dios . Tenemos tanto que agradecerle a Cristo por su obra, pero lamentable muchas veces no se enseña correctamente. Qué el Dios de Paz le siga Bendiciendoles cada dia mas .Maranata….

    Carlos Pintos · 28 de agosto de 2021 a las 18:04

    Maravillosa esperanza la nuestra, hermosa reflexión, gracias por nutrir nuestra vida espiritual con La Palabra de Dios

Sandra · 27 de agosto de 2021 a las 09:40

Gracias a nuestro bendito Señor por esta gran esperanza que a puesto delante de nosotros…..gracias hermano por alentarnos con palabras de vida ,vida eterna !! Un abrazo fraternal en Cristo Jesus Señor nuestro. Maranata‼️

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