Las transgresiones de Jesús: Comiendo con pecadores

Las transgresiones de Jesús: Comiendo con pecadores

                                                                                        ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Mateo 9:11

 

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El título de este artículo pareciera disruptivo y quizás escandaloso, pero para entenderlo es necesario respondernos las siguientes preguntas. Primero: ¿Jesús transgredió la ley de Dios? La respuesta es solo una: No. Jesús no transgredió la ley de Dios; y es más, la cumplió plenamente.  Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” Mateo 5:17-18

La segunda pregunta es: ¿Jesús transgredió los dogmas, tradiciones y leyes religiosas? La respuesta es un categórico Sí. Cristo sanó en día de reposo (Jn.7:23-24), comió con pecadores (Mat. 9: 9-13), conversó en extenso con una mujer samaritana (Juan 4: 1-42), escogió a un publicano (Mateo 9: 9), sanó a la hija de una mujer sirofenicia (Marcos 7: 24-30), salvó a un criminal (Luc. 23:43) y perdonó a una adúltera (Juan. 8: 11). Jesús se transformó en un transgresor para la religión.

Es muy importante seguir las pisadas de nuestro Maestro, y descubrir como él fue desmoronando los argumentos de la religiosidad de los líderes de Israel. El apóstol Pablo, cual fariseo antes de su conversión, describe muy bien como pensaba un religioso judío. Él dice: “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” filipenses 3: 5-6

Todo ser humano religioso, no puede hacer frente a la influencia de su propio pecado que le lleva a ser moldeado fácilmente a conceptos legalistas y rigoristas, y que termina por hacerle sentir mejor y más digno de Dios que los demás. La religión cría individuos orgullosos y llenos de justicias propias. El Señor reprende a Israel por medio del profeta Isaías cuando dice:

“pueblo que en mi rostro me provoca de continuo a ira…que dicen: Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú; éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día” Isaías 65: 3-5

Los religiosos hipócritas presumen una santidad que no proviene de la obra que El Espíritu Santo hace solo en los creyentes, sino que es fruto de esfuerzos humanos llenos de vanagloria. Es el resultado de la acumulación de litros de sudor para jactarse delante de los demás. El señor decía: “cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres…Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan” Mateo 6:5 y 16

A diferencia de aquellos que piensan que hay personas justas en sí mismas y dignas de recibir las bendiciones de Dios, sin pasar antes por la cruz de Cristo, Pablo les dice: “Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera…No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios”. Romanos 3: 9-11

Jesús escoge a un publicano y come con pecadores

Entre las y transgresiones de Jesús, asoma aquella cuando escoge a un publicano llamado Mateo para su ministerio. La biblia dice: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Mateo 9: 9-10

Este Mateo cuyo evangelio lleva su nombre, también conocido como Leví hijo de Alfeo (Marcos 2:14), era un recaudador de impuestos o publicano; es decir, un funcionario público que, siendo hebreo, trabajaba para Roma, por tal razón, repudiado por los religiosos y nacionalistas judíos. Los publicanos tenían muy mala reputación por la costumbre de cobrar más de lo que debían y dejarse en sus bolsillos gran parte de lo recaudado. Eran odiados por los judíos, principalmente religiosos, y por lo tanto marginados ante cualquier oportunidad de perdón y redención.

Juan el bautista les ordenaba a ellos diciendo: “…No exijáis más de lo que os está ordenado” (Lucas 3:13); El propio Jesús haciendo uso de la reputación de los tales, sentenciaba a desobedientes y rebeldes diciendo: “tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:17). Vemos además que muchos murmuraron de Jesús porque posó en casa de Zaqueo, un publicano de Jericó (Lucas 19:7). En conclusión, escoger a un publicano para el ministerio de Jesús, era una verdadera transgresión inaceptable para los religiosos.

Pero El Señor Jesucristo siempre capacitó a sus discípulos con su enseñanza y ejemplo para que ellos pudieran mirar más allá de los prejuicios religiosos. Por ejemplo, les presentó una parábola en donde contrastaba la soberbia de un fariseo con la humildad de un publicano. Mientras el religioso se exaltaba a sí mismo por sus justicias propias, el publicano estaba humillado a tal punto de no querer ni siquiera levantar sus ojos al cielo, pero proclamando aquellas palabras que revelaban sensibilidad a su propio pecado: “Dios, sé propicio a mí, pecador” Lucas 18: 1-14. La biblia dice que este último fue justificado en lugar del religioso hipócrita.

En la elección de Mateo, no solo brilla la voz potente del Soberano que con un solo imperativo: “sígueme”, la criatura se levantó de sus quehaceres y le siguió, sino que además vemos al Señor Jesús comiendo con “publicanos y pecadores”. Para los judíos compartir una comida en una mesa, era un asunto de mucha intimidad y comunión. En la biblia observamos esa imagen de una cena que simboliza la comunión e intimidad inmerecida con Dios. Por ejemplo, vemos a Abraham que invita a la presencia divina a comer (génesis 18:1-8); lo mismo hace Lot con los ángeles (génesis 19: 1-3). También vemos al Señor que llama a los verdaderos creyentes de la iglesia del último tiempo, a salir de la falsa cristiandad diciendo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” apocalipsis 3: 20

Cenar con Jesús es sinónimo de salvación como muestra de su amor, gracia y misericordia; y solo los suyos tienen y tendrán ese privilegio. Cuando Él estableció la conmemoración de la cena o partimiento del pan (también llamada “comunión”) Judas que no era del Señor, tuvo que salir antes. Solo quedaron los verdaderos discípulos. De ahí que la escena de Jesús comiendo con “publicanos y pecadores” nos habla precisamente de aquel Dios lleno de misericordia que vino de la gloria para salvar a los pecadores.

Si bien, sabemos quiénes eran los publicanos y la reputación que tenían, es un misterio en el texto, develar quienes conformaban el grupo de los “pecadores” que allí se mencionan. Probablemente eran parte de aquellos marginados y despreciados de la sociedad, tales como rameras y borrachos (Mateo 11: 19; 21:31-32), y quizás más de algún fanático revolucionario como Simón el zelote (Lucas 6:15). Porque el verdadero evangelio no hace acepción de personas. Pablo dijo: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” 1ª Timoteo 1:15. En simple, aquella era una mesa de pecadores, y en medio de ellos, el Dios santo que vino para salvarlos.

El enojo de los religiosos

La biblia dice que: “Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” Mateo 9: 11

Es importante destacar que El Señor Jesucristo, siendo el Dios Santo encarnado, nunca trató a los pecadores como lo hizo con los hipócritas religiosos. Recordemos que el poder religioso siempre ha sido una especie de “piedra en el zapato” para todo profeta verdadero. Así lo vemos en el antiguo testamento, también en el ministerio de Jesús y sus discípulos, en el período de inicio de la iglesia y hasta el día de hoy. Pablo dice que: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” 2ª Timoteo 3: 12, y lo curioso, es que casi siempre esta persecución viene desde el poder religioso. Recordemos que eran los sacerdotes y falsos profetas que perseguían y daban muerte inclusive a los verdaderos mensajeros de Dios. De la misma manera, la cúpula religiosa liderada por los fariseos, conformaban aquella artillería satánica en contra del Hijo de Dios, quien no vaciló en descubrirlos duramente. El Señor les decía entre muchas cosas:

“… ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” Mateo 23: 13-33

Los religiosos miraban al Señor como un transgresor porque comía con pecadores. Ellos no podían mirar mas allá de las apariencias. Juzgaban lo externo, la vestimenta y la apariencia de las personas. Es el mal que también juzgaba Santiago al decir: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?”  Santiago 2: 1-4

Hay que reconocer que este mal que se daba en el tiempo apostólico sigue intacto hasta el día de hoy en la llamada iglesia. La gente religiosa y autoproclamada “gente de bien” mira con desprecio a quienes no piensan o no se visten como ellos; y en lugar de predicarles el evangelio, los marginan tal cual como los religiosos en el tiempo de Jesús despreciaban a los leprosos. Esta actitud fue condenada por El Señor, porque todo aquel que confía en sus justicias propias, para el Señor viene a ser como un trapo de inmundicia (Isaías 64:6).

Con este enojo injustificado de los religiosos, se evidencia el alto concepto de sí que ellos tenían. El Señor les responde de modo magistral: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos…Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:12-13)

El que un individuo reconozca que no es justo en sí mismo, y que la salvación reposa solo en la elección soberana de Dios quien imperativamente llama a los pecadores al arrepentimiento, es una obra exclusiva del Espíritu Santo. Es interesante comentar la comparación que Cristo hace entre un enfermo y la necesidad de un médico.

El religioso siempre presumirá una buena salud espiritual, y por lo tanto, el mismo no considera la necesidad urgente de un médico. Pero recordemos que la primera obra que El Espíritu Santo hace en la vida de un individuo, es persuadirlo de pecado y de la necesidad urgente de un Salvador potente que le pueda redimir de la condenación. Es decir, cuando una persona experimenta la conversión, inmediatamente tiene convicción de pecado, y no de justicias propias. Este reconoce su enfermedad espiritual, y logra entender que no hay salvación sin el médico eterno llamado Jesucristo. Además, la biblia es enfática en decirnos que no existe ni una sola persona en este mundo que sea suficientemente buena y justa para llegar a Dios (romanos 3:10-12).

Amados hermanos, que no se nos olvide nunca que El Señor nos ha escogido de entre lo vil y despreciado del mundo. Pablo dice:

“…lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” 1ª corintios 1: 25-29

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude a comprender este importante tema. Que así sea. Amén.

PEL 08/2026

Las transgresiones de Jesús: Comiendo con pecadores

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