La oscura herencia de la reforma protestante del siglo XVI

El lado oscuro de la reforma protestante del siglo XVI

¿Qué cristianismo es este?

Cuando la verdad estropea un gran relato…

“…sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” romanos 3:4

 Es muy propio del ser humano elevar a los hombres a los altares; maquillarlos y etiquetarlos para presentarlos como impolutos mediante un gran relato y una particular épica. Así lo vemos en lo secular, cuando por ejemplo observamos a los llamados “padres de la patria”, y también lo vemos en lo religioso con aquellos “padres de la iglesia”. De la misma forma, descubrimos esto cuando nos referimos a Martín Lutero, Juan Calvino, Zwinglio, entre otros., porque ellos son presentados, casi por la totalidad de los evangélicos, como los “gigantes de la reforma”. Hombres que se vuelven intocables, y que cualquiera que eleve una opinión distinta o crítica, es calificado severamente como transgresor o hereje.

En primer lugar, es necesario recordar lo que poco se comenta. Si bien la reforma esta fechada a partir del 31 de octubre de 1517 cuando el monje agustino alemán Martín Lutero (1483 – 1546) habría clavado sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittemberg en Alemania, el fermento de protesta contra el papa de Roma databa de cientos de años antes mediante las figuras del francés Pedro Valdo (1140 -1218), el inglés Wicliff (1320 – 1284), el checo Juan Hus (1369 – 1415) y el italiano Savonarola (1452 – 1498). Ellos fueron grandes protestantes previo a la declaración oficial de “La reforma protestante”.

En segundo lugar, es necesario comentar que aquel acto épico de clavar las 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittemberg en Alemania carece de historicidad verosímil. Primero, porque historiadores indican que las puertas de la catedral en esa fecha habrían estado revestidas de bronce, y segundo, porque el listado de las 95 tesis fue enviado directamente al arzobispado de la región. Pero esto es un dato anecdótico y sin mayor importancia ante la verdadera oscuridad que acompañó a la llamada reforma protestante. Sin embargo, es mucho mas relevante y épico mantener en la historia aquella clásica escena con Lutero y un martillo clavando sus tesis de manera protestataria y pública; cosa que realmente no ocurrió.

Para el desarrollo de este artículo, nos debemos preguntar: ¿fue la reforma protestante un movimiento espiritual y exclusivamente religioso? ¿fueron los reformadores íntegramente protestantes ante la hegemonía política y doctrinal de la iglesia católica romana y de su jerarca llamado papa? ¿Reivindicaron los reformadores la doctrina de la iglesia primitiva fundada por Cristo y sus apóstoles? ¿existieron cristianos que corrían en un “camino paralelo” apartados de la oficialidad de la reforma protestante? Esta y otras interrogantes procuraremos abordar a continuación.

Martín Lutero, las indulgencias y la existencia de un purgatorio

Martín Lutero fue un monje católico alemán de la orden de los agustinos que vivió entre los años 1483 y 1546. Su formación teológica y filosófica llevaba el sello de Agustín de Hipona (siglo IV), quien puso los pilares de la iglesia católica romana.

Cuando Lutero se enteró de que el papa León X exigía el cobro de indulgencias para recaudar fondos y continuar con el plan de reconstrucción de la basílica de San Pedro, entonces escribió 95 tesis que protestaron tenazmente contra esa actividad reñida con la escritura, y las envió al arzobispado de la región alemana. No olvidemos que las indulgencias consistían en el rescate del pecador mediante penitencias, remisión y purgación. En el caso de los muertos y que, según la doctrina de Roma, llegaban a un lugar intermedio llamado “purgatorio”, los pecadores podrían salir de aquel lugar mediante el pago de dinero de rescate. Hasta el día de hoy, los feligreses católicos pagan al cura para oficiar misa en rescate de las almas de sus deudos atrapados en el purgatorio. El papa León X estaba amasando una gran fortuna con esta superstición, y fue exclusivamente eso lo que llevó a Lutero a emitir sus 95 tesis.

Lutero hace frente al acto impúdico de cobrar dinero para rescatar las almas del purgatorio, pero curiosamente, Lutero solo condenó el cobro del rescate, pero no condenó la doctrina anticristiana de la exigencia de un purgatorio. Entre sus 95 tesis, Lutero dice:

“Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello” (Martín Lutero, 1517_Tesis 17 a 19)

Con este relato, Lutero afirma que no se puede decir nada definitivo sobre el estado de las almas que están en “el purgatorio”. Es decir, él no atacó ni refutó esta doctrina herética que atenta directamente a la obra todo suficiente del Señor Jesucristo. Aunque siempre oímos que Lutero elevó la doctrina de la justificación sin obras, nunca nadie nos dijo que Lutero no protestó contra una doctrina tan herética como la existencia de un lugar intermedio en donde las almas deben ir a purgar pecados. La biblia dice:

“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” hebreos 10:12-14

No podemos entender como a un erudito de la talla de Lutero, no le hizo sentido este y otros pasajes contundentes de la sagrada escritura, y que presentan indiscutiblemente solo a Cristo completando con una sola ofrenda la obra de gratuita redención. Quizás el desdén que Lutero le tenía a la epístola a los hebreos (de lo cual se hablará más adelante) fue lo que lo mantuvo en oscuridad, tanto así, que no dijo absolutamente nada de esto en sus 95 tesis.

Martín Lutero y su odio a los judíos

Como sabemos, Martín Lutero fue un monje agustino, por lo tanto, su formación teológica y su antijudaísmo son muy similares en términos «teólogo-filosóficos” de Agustín de Hipona del siglo IV quien, a su vez, fue un acérrimo antisemita al igual que muchos otros de los mal llamados “padres de la iglesia” (Patrística). La profunda influencia de Orígenes de Alejandría marcó en Agustín sus lineamientos “antijudíos” en su enseñanza. Él defendía la tesis de que los judíos como causantes de la muerte de Jesús (Deicidio), eran una raza execrable, y por tal razón, Dios los había desechado y reemplazado por un nuevo pueblo llamado “la iglesia o asamblea”. En otras palabras, él enseñó que los judíos habían “matado a Dios”, al asesinar a Jesús.

Debido al fuerte arraigo en la filosofía helénica, Agustín aplicaba el ejercicio de los silogismos de Aristóteles en sus argumentos, por lo tanto, se decía: “Los Judíos mataron a Jesús” (premisa mayor), “Jesús es Dios” (premisa menor), “Los judíos mataron a Dios (conclusión).  De ahí la falsa doctrina del “Deicidio”.

 Tanto Orígenes de Alejandría (Siglo II) como Agustín de Hipona (Siglo IV), y los mal llamados “padres de la iglesia”, mantuvieron la enseñanza de que los judíos habían matado a Dios (Deicidio), por lo tanto, sus proclamas anti-judías, se dejaban ver en sus sermones y escritos.

Agustín de Hipona dijo: «El judaísmo, desde Cristo, es una corrupción; efectivamente, ‘Judas es la imagen del pueblo judío’; su entendimiento de las Escrituras es carnal; ellos llevan la culpa de la muerte del Salvador, porque a través de sus padres ellos mataron al Cristo. Los judíos lo prendieron; los judíos lo insultaron; los judíos lo ataron, lo coronaron con espinos, lo deshonraron escupiéndolo, lo azotaron, amontonaron abusos sobre Él, lo colgaron en un madero, lo atravesaron con una lanza”

Pero como sabemos, a Jesús nadie le quitó la vida, él mismo lo anticipó en una de las tan claras enseñanzas acerca de su muerte y resurrección:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.  Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” Juan 10: 17-18

El hablar de la muerte de Jesús, no puede ser concebido solo como un asesinato, como lo decía Agustín de Hipona y sus seguidores. Lo que ocurrió en la cruz no fue un crimen o un asesinato, sino que fue una ofrenda voluntaria en sacrificio. A Cristo nadie le quitó la vida. Por lo tanto, la teoría del “deicidio” de Agustín y de los padres de la iglesia, no se ajusta a la revelación del hecho ocurrido en Jerusalén. La biblia refuta contundentemente la idea patrística, de que fueron los judíos exclusivamente quienes mataron a Jesús. Quizás el pasaje más fuerte para argumentar esto es el siguiente:

“Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” Hechos 4: 27-28

Si hablamos de “asesinato”, la biblia es explicita en enseñarnos que quienes “mataron” a Jesús, no fueron solo los judíos, sino que el texto dice: “Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles…”. Pero el pasaje no queda solo allí, sino que agrega que todo aquello estaba desde “antes determinado que sucediera”. Es decir, la teoría del “deicidio” (matar a Dios) como justificación para odiar a los judíos, se desmorona absolutamente.

El odio a los judíos basado en el silogismo del “deicidio” enseñado por Agustín y los reformadores, nos revela una enseñanza sesgada porque omite pasajes contundentes y precisos como se ha citado.  Sorprende que estos erudito erraran gravemente en su exegesis y enseñanzas de la biblia. Esto nos evoca lo que Jesús le dijo a Nicodemo: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” Juan 3:10.

En el libro, “Los judíos y sus mentiras”, escrito por Martín Lutero en 1543, escribe que los judíos son una cría de serpientes, y uno debería quemar sus sinagogas y destruirlas.

El pastor inglés de ascendencia judía Bernard N. Howard declara que: “el antisemitismo de Lutero alcanzó un crescendo de repulsión física. Imaginaba a los judíos besando y orando al excremento del diablo: “El diablo ha vaciado… su estómago una y otra vez, es una verdadera reliquia que los judíos y los que quieren ser judíos besan, comen, beben y adoran”. Era una especie de exorcismo bautismal invertido, con el diablo llenando de inmundicia la boca, la nariz, y los oídos de los judíos: “Los llena y chorrea tan abundantemente que se desborda y se vierte por todos lados, pura inmundicia del diablo, sí, les sabe muy bien en sus corazones, y lo engullen como cerdas”.

 “Lanzándose a sí mismo como en un frenesí, Lutero invoca a Judas, el último judío: “Cuando Judas se ahorcó, y se le partieron las tripas, y como les sucede a los ahorcados, su vejiga estalló, entonces los judíos tenían listas sus latas de oro y cuencos de plata para atrapar la orina de Judas junto con las otras reliquias, y luego juntos se comieron el excremento y bebieron, y por eso entienden tan bien las glosas complejas en las Escrituras”.     Este resumen proporciona solo una muestra de la retórica llena de odio de Lutero. Múltiples pasajes en sus escritos de 1543 contra los judíos son igualmente de aborrecibles” [Articulo “El antisemitismo de Lutero” – Bernard N. Howard; https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/el-antisemitismo-de-lutero ]

La xenofobia de Lutero hasta fue empleada por los elementos más extremos del nacionalismo alemán del III Reich, pues como afirma la célebre profesora de Harvard e investigadora del CSIC, María Elvira Roca Barea: «No es casualidad que la Noche de los Cristales Rotos fuera presentada como una celebración luterana y que los nazis concurrieran a las elecciones con una imagen del reformador»

“Según Robert Michel, el antisemitismo luterano, al adquirir la categoría de norma bíblica, contribuyó poderosamente a empeorar la situación de los judíos en los territorios germánicos. Su influencia puede verse desde los linchamientos (pogromo) de Berlín en 1572, cuando los seguidores de Lutero saquearon la ciudad y al año siguiente consiguieron la expulsión de los judíos de este y otros estados alemanes, situación que se reprodujo en las décadas siguientes y en distintos lugares, como explica Paul Johnson. Solo en 1612 los linchamientos de Frankfurt produjeron la muerte de tres mil judíos” [Los judíos en la Historia de España (Extractos) María Elvira Roca Barea (Fracasología)]

Durante el periodo de la segunda guerra mundial, específicamente con lo que conocemos como el “holocausto Nazi”, se exterminaron más de seis millones de judíos, por el tan solo “delito de ser judío”. Esta masacre ideada y liderada por Hitler y sus tropas antisemitas, recibieron las “bendiciones” del entonces Papa Pio XII quien anteriormente había sido nuncio apostólico en Alemania. Es decir, el líder máximo de la Iglesia Católica apoyando las estrategias antisemitas del nacional-socialismo alemán.

Quizás esto no es una gran novedad, considerando que el catolicismo en esencia es antisemita, pero enterarnos de que los lideres “SS” de la Alemania Nazi de Hitler, justificaban el exterminio de judíos, invocando los escritos antisemitas de Martin Lutero, eso sí realmente es sorprendente. Ese el caso del militar Nazi Julius Streicher quien publicaba proclamas antisemitas en su diario de ideología nacionalsocialista llamado “Der Stürmer” (El Atacante). Streicher cuando tuvo que comparecer ante los tribunales de Núremberg, posterior a la segunda guerra mundial, éste argumentaba su antisemitismo sobre la base de los escritos del reformador Martin Lutero. Como declara el mismo pastor Bernard N. Howard: “Streicher era un propagandista que dedicó su vida a esparcir calumnias y falsedades, pero en esta ocasión estaba diciendo la verdad”

Declara Howard: “En 1946, Julius Streicher estaba en juicio por su vida. Había publicado el periódico antisemita Der Stürmer, y había sido capturado al final de la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados lo llevaron a juicio junto con otros 23 nazis prominentes en el Tribunal Militar Internacional en Nuremberg. Durante el juicio, se le preguntó a Streicher: “Testigo, ¿qué objetivos buscó con sus discursos y sus artículos en Der Stürmer?”. Streicher respondió:

No tenía la intención de agitar o inflamar, sino de iluminar. Las publicaciones antisemitas han existido en Alemania durante siglos… En el libro, «Los judíos y sus mentiras», el Dr. Martín Lutero escribe que los judíos son una cría de serpientes, y uno debería quemar sus sinagogas y destruirlas. El Dr. Martín Lutero muy probablemente se sentaría en mi lugar en el lugar de los acusados ​​hoy, si ese libro hubiera sido tenido en cuenta por la Fiscalía”. [Articulo “El antisemitismo de Lutero” – Bernard N. Howard]

 Lutero tenía una gran habilidad propagandística, y con el gran apoyo de su amigo el artista Lucas Cranach (1515 – 1585), el luteranismo protestante se propagaba por toda la región mediante brillantes pinturas y láminas representativas a modo de montaje panfletario. Lutero utilizaba el arte para promover sus enseñanzas.  De ahí que utilizando la iconografía antisemita llamada Judensau (del alemán “cerda judía”) Lutero expresaba su verborrea antijudía.

 

Imagen de la Judensau que se mantiene intacta en varias iglesias «cristianas» de Europa

La “Judensau” es una representación antisemita desde el siglo XIV que pretendía deshumanizar a los judíos. Esta consiste en una cerda amamantando a judíos y un rabino levantando la cola del animal para leer el talmud desde su ano. Martin Lutero dijo en su libro VON SCHEM HAMPHORAS (El nombre desconocido – 1543): “Aquí en Wittenburg, en nuestra iglesia parroquial, hay un puerco tallado en la piedra bajo el cual yacen lechones y judíos que están mamando; detrás de la cerda se encuentra un rabino que levanta la pata derecha de la cerda, se levanta detrás de la cerda, se inclina y mira con gran esfuerzo el Talmud debajo de la cerda, como si quisiera leer y ver algo más difícil y excepcional; sin duda obtuvieron su Shem Hamphoras de ese lugar”

Cuesta creer que de la boca de un cristiano salgan palabras tan virulentas en contra de los judíos. Y esto es solo un breve resumen que deja ver la retórica llena de odio de Lutero. Otros escritos en su libro de 1543 son tan aborrecibles como lo que acabamos de observar.

Lutero y la política: de la corrupción católica romana a la corrupción protestante

Casi no se habla acerca de uno de los grandes pilares que sostuvieron la reforma protestante de 1517, y que no fue precisamente el aspecto religioso o apego a la frase tan manoseada: “sola escritura”, sino que fue el pilar geopolítico del sacro imperio romano germánico con la fuerza del memorable Carlos V y la nobleza terrateniente, en especial el príncipe Federico III de Sajonia quien salvó a Lutero de las fuerzas inquisidoras del catolicismo romano.

Lo que al principio parecía con ideales limpios, basados en la noble tarea de reivindicar el verdadero cristianismo apostólico y volver a la sola escritura, terminó siendo una estrategia geopolítica para arrebatar poder a la entonces hegemonía católica con asiento en Roma, y establecer una nueva oligarquía “iglesia – estado” en Alemania. De hecho, muchos que al inicio apoyaron la reforma protestante desde el año 1517, se fueron apartando del oficialismo de este movimiento cuando descubrieron que la misma corrupción política y la consolidación del feudalismo estaba en la misma dinámica de Lutero y la nobleza de Sajonia.

Varios anabaptistas como por ejemplo Menno Simons (1496 – 1561), contemporáneo de Lutero, inmediatamente se percataron de este nuevo “cristianismo” distorsionado, y observaron con tristeza el deterioro moral y general que produjo entre la gente común (The Complete Works of Menno Simons, “Obras completas de Menno Simons”, p. 251, 283).

Los llamados “anaptistas” (porque rebautizaban a los creyentes adultos) fueron grupos de protestantes que se apartaron de los lineamentos de Lutero en dos aspectos básicamente. Primero, debido a su férrea oposición a la doctrina católica del bautismo de infantes (paidobautismo) que Lutero mantuvo hasta su muerte, y segundo, a la doctrina agustina de defender el “derecho divino de los reyes” y la fusión de iglesia – estado. Los anabaptistas se fraccionaron debido a esta corrupción de los protestantes, asumiendo algunos de ellos inclusive una posición radical y violenta en contra del luteranismo autoritario diseminado por Alemania. Así es como nace la “santa inquisición protestante” para perseguir y matar a judíos, disidentes y anabaptistas. Muchas sangre fue derramada en “nombre de Dios”.

Lutero fuertemente arraigado en las ideas de una teocracia a “sangre y fuego” aprendida de Agustín de Hipona, y validando la violencia de ser necesario, defendió la posición política de los príncipes y reyes alemanes, promoviendo el feudalismo que explotaba a los campesinos, perpetuando así las oligarquías locales en toda Alemania. De ahí que Lutero repudiaba la epístola de Santiago, a la cual llamó “epístola de paja”, porque tan solo basta con leer el capítulo 5 de esa epístola para comprender la historia. La biblia dice:

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia. Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” Santiago 5: 1-8

La guerra de los campesinos

Fue un levantamiento o revuelta de los campesinos en el Sacro Imperio Romano Germánico entre los años 1524 y 1525.

En el año 1525, las muertes de campesinos se produjeron principalmente como resultado de la brutal represión que siguió a la guerra de los campesinos alemanes. Después de que el levantamiento, que involucró a hasta 300.000 campesinos, fuera aplastado militarmente, miles fueron ejecutados, con estimaciones de bajas campesinas que oscilan entre 100.000 y 130.000. líderes protestante disidentes de Lutero y de sus ideas oligárquicas terratenientes como Thomas Müntzer, fueron torturados y ejecutados, y las represalias incluyeron la quema de pueblos. Las causas: Abusos feudales. Los campesinos protestaban contra los abusos y la opresión de los señores feudales debido al nivel insostenible de la deuda campesina que fue un factor importante en la revuelta. Los campesinos exigían derechos básicos, la abolición de los privilegios fiscales del clero y el fin de las desigualdades existentes.

Martín Lutero quedó tan horrorizado de las revueltas que incluso instó a los gobernantes a que aplastaran a los rebeldes sin piedad. Les culpaba de tres horribles pecados cometidos contra Dios y los hombres, con los que se habían merecido de diversas maneras la muerte del cuerpo y del alma como eran:

1.- Romper la obediencia a la autoridad; 2.- provocar la rebelión; 3.- escudar su actuación violenta en el Evangelio. Probablemente sea su obra más impulsiva, en la que termina cargando con gran crudeza contra el movimiento campesino en los siguientes términos:

“Quien pueda ha de abatir, degollar o apuñalar al rebelde, en público o en privado, y ha de pensar que no puede existir nada más venenoso, nocivo y diabólico que un rebelde; ha de matarlo igual que hay que matar a un perro rabioso; si tú no lo abates, te abatirá a ti y a todo el país contigo”

De hecho, los escritos de Lutero sobre la “Guerra de los Campesinos” también están llenos de expresiones de odio y fanatismo, pues cuando fue criticado en sus últimos años por incitar a los señores regionales a una matanza violenta y despiadada (más de 100.000 campesinos), Lutero respondió en un tono desafiante: “Fui yo, Martín Lutero, quien mató a todos los campesinos en la insurrección, ya que fui yo quien ordenó que los mataran. Toda su sangre está sobre mis hombros. Pero yo la eché sobre nuestro Señor Dios quien me mandó hablar de esa manera.” (Martín Lutero, Werke, edición de Erlangen, Tomo 59, p. 284.).

Estos son hechos absolutamente verídicos. Hasta el mismo Consejo de la Federación Luterana Mundial (FLM) en su asamblea de Stuttgart, Alemania en julio del año 2010, pidió perdón por la enorme violencia y masacre luterana del siglo XVI. Estos son ejemplos de los aspectos más oscuros de la figura y legado del gran reformador Martín Lutero. Este lamentable episodio, nos permite entender con mayor claridad el pensamiento de Lutero y su “cristianismo”. Mientras Lutero valida la violencia, Cristo dice:

“No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” Mateo 5: 39-48

Como es sabido, Agustín, Lutero, Calvino y otros, perseguían y daban muerte a sus enemigos; Agustín perseguía a los pelagianos y a los donatistas, y Lutero y Calvino persiguieron brutalmente a los anabaptistas…. Entonces ¿A quién le creemos? ¿a Agustín, Lutero o Calvino, o a Cristo?

Martín Lutero y la confesión de Augsburgo de 1530

Esta confesión fue la primera exposición doctrinal del luteranismo incipiente del siglo XVI. Fue redactado por el teólogo alemán y amigo cercano de Lutero, Felipe Melanchthon (1497 – 1560). Dicha confesión presenta la declaración doctrinal ante “La dieta de Augsburgo” presidida por el emperador del sacro imperio romano germánico Carlos V.

Llama la atención el encabezamiento servil y rastrero ante el rey: “A nuestro muy invencible Emperador, Cesar Augusto, señor clemente y misericordioso. Como Vuestra Majestad ha convocado una Dieta del Imperio aquí en Augsburgo”. Alguien dirá que esa era la manera formal de dirigirse a ciertas autoridades en ese tiempo, y tiene razón. Sin embargo, no es menos cierto que los lideres de la reforma quisieron siempre congraciarse con las autoridades políticas y de poder, característica que no ha cambiado mucho en la actualidad. Hoy los líderes de iglesias demuestran esa actitud de servilismo a cambio de favores, prestigio y poder. Esto nos debe evocar el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo cuando también se refirió a las personas que estaban en eminencia. La biblia dice:

“Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” Juan 19:11

Esta palabra, quizás insolente para quienes son “políticamente correctos”, fue un golpe directo a quien ostentaba el poder en Israel en nombre del emperador de Roma. Era Poncio Pilato, el procurador de Roma quien recibía de parte de Jesús una respuesta clara e incisiva. Es decir, no vemos en el ejemplo de Cristo una actitud servil ante una autoridad como sí se observa en la historia de los protestantes frente al poder temporal. La biblia agrega:

“Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra” Lucas 13: 32

Esta respuesta que El Señor les dio a los fariseos es otra muestra de que la verdad no puede ser presentada de modo rastrero. Cristo se refiere a Herodes como “zorra” confrontando su vileza y astucia cavilosa e hipócrita. Cuan distinta es la impronta de los actuales líderes religiosos que se humillan y se prostituyen ante el poder político a cambio de favores.

Por otro lado, observamos en la confesión de Augsburgo de 1530 dos doctrinas, entre otras, que se presentan de un modo muy distorsionado y sin base bíblica que las sustenten: El bautismo y la cena del Señor.

El artículo IX acerca del bautismo, dice así: “Enseñamos que el Bautismo es necesario para la salvación y que por el Bautismo se nos da la gracia divina. Enseñamos también que se deben bautizar a los niños y que por este bautismo son ofrecidos a Dios y reciben la gracia de Dios. Es por esto que condenamos a los Anabaptistas que rechazan el bautismo de los niños” (artículo IX Confesión de Augsburgo de 1530).

En primer lugar, al declarar que el bautismo “es necesario para la salvación”, se está afirmando implícitamente que la salvación ya no es solo por creer y por la gracia por medio de la fe, sino que, por cumplir, además, el sacramento del bautismo. Esto es catolicismo puro y duro.

La biblia no enseña que el bautismo sea un sacramento que condiciona la salvación del individuo, sino que es un símbolo de la salvación y de la identificación con Cristo. La salvación del alma se concreta solo gracias a la obra todo suficiente de Cristo en la cruz. El ladrón que murió en la cruz no necesitó ser bautizado para ser salvo, solo creer. Esa es la enseñanza clara y categórica del Señor.

La biblia dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36), “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna” (Juan 5: 24), “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (efesios 2:8-9)

Pretender poner sacramentos para obtener la salvación, es insultar y pisotear la obra de Cristo, la cual no necesita ser perfeccionada con nuestras obras de obediencia. Menospreciar la eficacia de la sangre de Cristo derramada en la cruz mediante una vida religiosa, rigorista y sacramental, es volver a la problemática que tenia la comunidad de la epístola a los hebreos, quienes insistían en que la salvación no era solo por Cristo y su obra en la cruz, sino que por el cumplimiento irrestricto de la ley.

En segundo lugar, la confesión luterana de Augsburgo dice se deben bautizar a los niños, y que por tal razón condenaban a los anabaptistas quienes rechazaban el bautismo infantil. Esto también demuestra que de reforma hubo muy poco. La doctrina católica romana perduró en las entrañas de los protestantes llamados reformados.

 La biblia enseña que quienes creían eran bautizados. El Señor dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28: 19-20). ¿Nos preguntamos, como podríamos discipular a un bebe o a un niño que aún no tiene noción de su pecado y culpa? Es un absurdo. Todos los casos de bautismos que se observan en el libro de los hechos tienen relación con individuos que creyeron al evangelio y luego fueron bautizados. La biblia dice:

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados” hechos 2:41

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes” hechos 8: 36-37

Ahora, respecto a la cena del Señor, el artículo X de la confesión de Augsburgo de 1530 dice: “En cuanto a la Santa Cena del Señor, enseñamos que el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo están realmente presentes, distribuidas y recibidas en la Cena bajo las especies del pan y del vino” (artículo X Confesión de Augsburgo de 1530). Aunque Lutero no enseñó la doctrina mística católica romana de la transubstanciación del pan y del vino, sí afirmó la doctrina filosófica de la consubstanciación. La diferencia entre ambas es que la primera afirma que el pan y vino se convierten literalmente en la carne y la sangre de Cristo al momento de la consagración durante la misa, y la segunda, que detrás del pan y del vino están presentes espiritualmente la carne y la sangre de Cristo al momento de participar en la cena del Señor. Sin embargo, ninguna de estas enseñanzas aparece en la sagrada escritura.

Cuando Cristo instituyó su cena en medio de la festividad judía de la pascua o “pesaj”, él distinguió dos elementos como símbolos; un pan (sin levadura) y una copa para representar ilustrativamente su sacrificio en la cruz. En otras palabras, el pan simboliza el cuerpo de Jesús, y  la copa, el sacrificio en la cruz mediante el derramamiento de su sangre: Un pan = Un Cuerpo y Una copa = Un sacrificio. La biblia dice:

“tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” Mateo 26:26-28

En el texto aparece dos veces el pronombre demostrativo “esto” que alude a una simbología; primero del pan que es partido como símil del cuerpo de Cristo molido por nuestros pecados (Isaías 53:5), y luego la copa, como símil del derramamiento de la sangre de Cristo para remisión de nuestros pecados (hebreos 9: 22). En ninguna forma, Jesús enseñó una idea mística de transubstanciación o consubstanciación. La cena del Señor es una reunión de conmemoración (Lucas 22: 19; 1ª corintios 11: 24-25)

Estos dos ejemplos de doctrinas bíblicas distorsionadas que aparecen en la confesión luterana de Augsburgo son solo algunas de las razones que nos permiten entender que Lutero no fue un gran reformador porque muchas cosas del catolicismo romano permanecieron intactas. Tal cual se comentó, Lutero mantuvo la celebración de la misa, y no negó la doctrina del purgatorio. Él solo se opuso al cobro de indulgencias del papa León X. La confesión luterana de Augsburgo además refrenda el nicolaitismo que tanto aborrece El Señor (apocalipsis 2: 6 y 15) y el legalismo religioso que aturde la libertad de conciencia y promueve la odiosidad a todos quienes no piensen como Lutero. Él mismo dijo en su catecismo menor:

“En cuanto a los que no quieren aprender estas partes, hay que decirles que reniegan de Cristo y que no son cristianos; no deben ser aceptados para recibir el sacramento o ser padrinos en el bautismo de un niño, ni usar ninguno de los derechos de la libertad cristiana, sino que deben ser entregados simplemente al papa y sus oficiales y también al diablo mismo” (Martin Lutero, prefacio del catecismo menor año 1529).

Declaraciones como estas, nos retratan fielmente el pensamiento de Lutero. Esa facilidad de juez que él tenía para entregar a los disidentes al juicio del diablo, es lo que sorprende de este llamado “gran varón de Dios”. Son muchas las declaraciones de Lutero que no representan el carácter de Cristo de ninguna forma, pero estoy convencido de que esta pequeña muestra despertará el interés del lector para indagar de manera personal para, finalmente, llegar a la misma conclusión que he llegado: Lutero era un hombre falible, y no, un gran hombre de Dios. Ese es un título que los hombres han creado, pero que no esta en la biblia. Por eso recordemos a Pablo que decía: “…sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” romanos 3:4

Lutero y la canonicidad de la biblia

Es muy importante informar que Lutero cuestionó la canonicidad de algunos de los 66 libros de la biblia, a los cuales llamó “libros discutibles”, entre los cuales están: la epístola a los hebreos, Santiago (al cual llamó “libro de paja”), Judas, 2ª Pedro, 2ª y 3ª Juan, y el Apocalipsis de Juan.

Siempre escuché que fue Lutero el primero que tradujo la biblia al alemán, pero fui sorprendido cuando aparecieron documentos serios que afirman que hubo creyentes alemanes previos y contemporáneos a Lutero, que ya lo habían hecho; pero claro, sin la repercusión mediática de un hombre como Martín Lutero que estaba amparado por la nobleza romano-germánica. Algunos eruditos protestantes han llegado a cuestionar si Lutero fue realmente un “gran exegeta” como muchos dicen.

El propio Lutero se tomó la libertad de criticar escritos bíblicos de una manera polémica que pocos luteranos de hoy encontrarían completamente aceptable. Él mantenía una opinión muy mala de la epístola a los hebreos, Santiago, Judas y el Apocalipsis. En su Prefacio a hebreo Lutero dice: «Hasta este punto hemos tenido que ver con los libros principales verdaderos y ciertos del Nuevo Testamento. Los cuatro que siguen han tenido desde la antigüedad una reputación diferente».

De la epístola a los hebreos Lutero dijo que, al ser una epístola anónima, no tiene buena reputación. Dice: “tiene un nudo duro: En los capítulos 6 y 10 niega rotundamente el arrepentimiento de los pecadores después del bautismo, y los declara incapaces de ello”. Agrega: “en el capítulo 12 dice que Esaú buscó el arrepentimiento y no obstante no lo halló. Esto es contrario a todos los evangelios y las epístolas de San Pablo. Aunque se pudiera hacer una glosa al respecto, las palabras son tan claras que yo no sé si la glosa satisface. Me parece que se trata de una epístola compuesta de muchas partes que no enseña sistemáticamente ninguno de sus temas”

De la epístola de Santiago Lutero la calificó como un “libro de paja” y decía: “no la considero un escrito de un apóstol… en diametral oposición a San Pablo y al resto de las Escrituras, atribuye la justificación a las obras… por consiguiente, la epístola no es obra de un apóstol… no enseña nada de él (Cristo) sino que habla de una fe general en Dios…no hace más que inculcar la ley y sus obras, amontonando las cosas tan desordenadamente que me parece que se trata de algún hombre bueno y piadoso que compiló algunos dichos de los discípulos de los apóstoles y los arrojó así sobre el papel; o quizás es un extracto de su prédica descrita por otro” Y remata diciendo de la epístola: “quiso reprender a los que confiaban en la fe sin obras, pero no estuvo a la altura de la empresa ni con el espíritu, ni con la razón y palabra, destruyendo la Escritura, y contradiciendo así a Pablo y toda la Escritura. Trata de lograr con su insistencia en la ley lo que los apóstoles realizan incitando al amor. Por eso, no lo quiero tener en mi Biblia”

De la epístola de Judas Lutero dice: “es un extracto o copia de la segunda epístola de San Pedro, puesto que las palabras son casi todas las mismas. Además, habla de los apóstoles como un discípulo de una época muy distantes, y cita dichos y sucesos que no se encuentran en la Escritura… es una epístola que no necesita ser contada entre los libros principales para fundamento de la fe”

Del apocalipsis de Juan, Lutero dice: “Yo digo lo que siento. Echo de menos más de una cosa para tenerlo por apostólico o profético…los apóstoles no andan con visiones, sino que profetizan con palabras claras y sencillas, como también lo hacen Pedro, Pablo y Cristo en el evangelio, pues así corresponde también al ministerio apostólico hablar de Cristo y su obra, de una manera clara, sin imágenes o visiones… No hay tampoco profeta en el Antiguo Testamento, y menos aún en el Nuevo, que trate tan exclusiva e íntegramente de visiones e imágenes. Por esto, de ninguna manera me da la impresión de que es obra del Espíritu Santo” Fuente: Prefacio de libros del nuevo testamento de Lutero, año 1522

Aunque se podría refutar contundentemente cada aseveración y el desdén que Lutero muestra con estos libros a los cuales él llamó “de dudosa reputación”, sin embargo, quedará para otra oportunidad, ya que estos antecedentes solo buscan despertar el interés de cada lector para que pueda confirmar estas declaraciones de modo personal. Lo que sí es necesario resaltar es que, con tales afirmaciones, Lutero tenía un modo de interpretar la biblia con un sesgo bastante inconsistente, porque decir que Santiago afirma la salvación por obras, es no entender lo que precisamente él enseña en su epístola, ya que hay muchos que dicen tener fe, pero no muestran su fe por medio de las obras como creyentes verdaderos. Es decir, el creyente no hace obras para ser salvado, sino que las obras son el resultado natural y el testimonio verdadero de una persona regenerada. ¿cómo Lutero no sabía esto? Nuevamente me acuerdo de lo que Jesús le dijo a Nicodemo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? (Juan 3:10)

Finalmente, debemos decir que la manera sana de enseñar desde un púlpito es sembrando la confianza en las escrituras, y no, la desconfianza. No olvidemos que teólogos como Karl Barth o Rudolf Bultmann también sembraron la duda sobre la infalibilidad de la biblia, y jóvenes predicadores actuales, cuyos intelectos están atestados de Agustín, Lutero, Calvino y compañía, están enseñando de la misma forma. Debemos dejar a los hombres en la fila, y aferrarnos de la biblia y enseñarla con denuedo, da tal manera que los oyentes confíen en ella como única norma de conducta y de fe.

Juan Calvino y su imperio en Ginebra

Juan Calvino fue un clérigo y teólogo francés (1509 – 1564) considerado junto a Lutero como uno los principales autores y gestores de la reforma protestante. “Calvino fue un incansable polemista y escritor apologético que generó mucha controversia. También intercambió cartas cordiales y de apoyo con muchos reformadores, entre ellos Felipe Melanchthon y Enrique Bullinger. Además de su influyente Institución de la religión cristiana, Calvino escribió comentarios sobre la mayoría de los libros de la Biblia, documentos confesionales y varios otros tratados teológicos” (Enciclopedia libre WP)

Un artículo de la BBC publicado el 15 de enero de 2022 dice: “Entre los principales nombres del movimiento que eventualmente sería reconocido como Reforma Protestante, el teólogo francés Juan Calvino cobraría importancia para justificar no solo una nueva religión, sino también el sistema económico que, nacido de los escombros del feudalismo, se volvió dominante en el mundo contemporáneo: el capitalismo…Cuando el calvinismo y el capitalismo se encuentran, es el matrimonio perfecto, ya que ambos tienen afinidades electivas, es decir, la misma lógica de funcionamiento», argumenta el historiador, filósofo y teólogo Gerson Leite de Moraes, profesor de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, en Sao Paulo (Fuente: Quién fue Juan Calvino, el teólogo que ayudó a fundar el protestantismo y a justificar el capitalismo – BBC News Mundo)

Juan Calvino migró a Ginebra Suiza, una vez que estalló la persecución católica romana en contra de los protestantes. Lo curioso es que Calvino forjó en Ginebra un verdadero imperio protestante con la misma idea oligárquica de Roma que supuestamente tanto repudiaba. En otras palabras, Ginebra se transformó en un estado “teocrático” y hasta tiránico por el año 1536.

Calvino tenía fuertes convicciones de la enseñanza de Agustín de Hipona (siglo IV), por lo tanto, arrastró hacia el cristianismo ideas paganas como el estoicismo, el neoplatonismo y el maniqueísmo. En este último aspecto, Calvino sostenía la idea de los “buenos y malos” basado en la obra de Agustín “La ciudad de Dios”; validando conceptos como la predestinación de los buenos y los malos (maniqueísmo), el derecho divino de los reyes y la conformación iglesia – estado. Así es como Calvino fomentó el feudalismo, el incipiente capitalismo, la esclavitud y la supremacía racial. Al corto plazo, Juan Calvino se transformó literalmente en “el papa de Ginebra”, y, por lo tanto, todo aquel que se le oponía, lo enviaba a su propia corte inquisidora, para torturarlo y asesinarlo despiadadamente. ¡no es broma, no es ironía! Los hechos históricos así lo afirman.

La inquisición de Juan Calvino

La autocracia religiosa que Calvino estableció en Ginebra le costó el apodo del “papa protestante”.  El estableció como obligatorio el asistir a la iglesia, de lo contario cualquiera que no acataba dicha orden se exponía a ser arrestado e inclusive a la pena de muerte. La dictadura de Juan Calvino llegó a tal extremo que, bajo el pretexto de su forma de concebir el cristianismo, creó su propio sistema inquisidor tal cual lo hacía el catolicismo romano que él tanto aborrecía. Calvino, abusando de su capacidad de coerción punitiva y poder civil, obligaba a los “herejes” a ser cristianos, pretendiendo sustentar su tiranía con el pasaje bíblico: “fuérzalos a entrar” (Lucas 14:23), enseñanza ya planteada en el siglo IV por su mentor Agustín de Hipona.

Sus propias cortes religiosas establecidas en Suiza, llegaron a perseguir, detener, torturar y hasta asesinar a cualquier creyente (incluso protestante) que se opusiera a sus enseñanzas determinadas en su obra “la institución de la religión cristiana”. Sus lineamientos con la filosofía de Agustín, llevó a Calvino a justificar el uso indebido de la violencia y la muerte a cualquiera que no se sometía a sus enseñanzas y determinaciones. El propio amigo personal de Calvino llamado Sebastián Castello, escribió reprendiendo su intolerancia y crueldad desatada diciendo: “Si Cristo viniera a Ginebra sería nuevamente crucificado, porque Ginebra no es un lugar de libertad cristiana. Esta gobernado por un nuevo papa, Juan Calvino, que quema hombre vivos mientras que el papa de Roma los estrangula primero” (S. Castellion, 1554, Contre le libelle de Calvin).

Sebastian Castello (1515 – 1563) fue un teólogo francés que en un principio estuvo de acuerdo en varios puntos con Calvino, pero cuando fue descubriendo su intolerancia y violencia despiada contra todos los que no estaban de acuerdo con él (a los que Calvino consideraba enemigos) Castello insistió en llamar la atención del reformador para que rectificara su posición obtusa y fanática. Castello le escribía: “De todos aquellos cuya doctrina se aparta de la vuestra, no supongáis que están en un error, y no les acuséis acto seguido de herejía…El Maestro revelará un día la verdad al que está equivocado. Lo único que sabemos con seguridad, tú y yo, o al menos deberíamos saber, es el compromiso de amor cristiano. Practiquémoslo y, al hacerlo, cerremos así la boca a todos nuestros adversarios…Dios lo sabe todo y doblega a los orgullosos y ensalza a los humildes.» Y respecto al asesinato de Miguel Servet, Castello dijo: «Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre.» Castello padeció la persecución y el destierro por parte de Juan Calvino. (libro “Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia”, 1936_ Stefan Zweig)

Uno de los casos emblemáticos de la tiranía de Calvino, fue el asesinato del teólogo y médico español Miguel Servet (1511 – 1553). Servet no era cualquier persona; fue un prominente teólogo y medico aragonés que se opuso a la forma de cristianismo y a la enseñanza de Calvino. Servet se ganó el odio no solo de Calvino, sino que además del amigo personal de Calvino Guillermo Farel, quienes determinarían arrestarlo y darle muerte. Y así fue. Cuando Servet visitó Ginebra para oír a Calvino, este lo identificó de inmediato y mandó a arrestarlo. Servet fue puesto en un calabozo oscuro y sin comida, y que fue tratado cruelmente con mucho escarnio y torturas. Los cargos que se le imputaban eran la herejía de un supuesto anti trinitarismo y anti-bautismo infantil.

Aunque Servet se habría retractado respecto a la doctrina de la trinidad, sostuvo firmemente su posición anti-bautismo infantil diciendo que: “es una invención del diablo, un engaño infernal para la destrucción de toda la cristiandad”. Esto bastó para que encadenaran a Servet a una estaca con madera verde a sus pies de modo que el sufrimiento del español se prolongara por más tiempo. Junto a esa horrenda escena, el amigo personal de Calvino, Guillermo Farel, no conforme con aquella tortura, lo atacaba verbalmente sin ninguna misericordia ni sensibilidad ante los ruegos de piedad y gritos desgarradores de un Servet quemándose lentamente. Si esto no es un “cristianismo” distorsionado y diabólico que no representa en nada el carácter de Cristo, no sabría como llamarlo. No en vano, el conferencista y apologista Dave Hunt (1926 – 2013) el año 2004 denunció todas estas atrocidades de Calvino en su libro (bastante olvidado) con un sugerente título: “¿What love is this?(¿Que amor es este?).

Ilustración del asesinato de Miguel Servet en manos de la inquisición liderada por Juan Calvino (1553)

El propio Casiodoro de Reina (1520 – 1594) se opuso duramente a la actuación siniestra de Calvino, una vez que se enteraba de la tortura y muerte de su compatriota Miguel Servet. Él declaró que no podía contener sus lágrimas ante la atrocidad que “golpeaba sus entrañas”. Casiodoro de Reina calificó el asesinato de Servet como “injusto y por envidia”. De la misma manera criticó la brutal persecución de Lutero y Calvino a los miles de creyentes Anabaptistas que fueron martirizados por estas “lumbreras de la reforma”. (Casiodoro de Reina – Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, Centro de estudios andaluces). Juan Calvino y su teocracia enfermiza fue uno de los responsables de la brutal persecución y matanza de anabaptistas, del decapitamiento en 1547 de su opositor Jacques Gruet, del destierro de cientos de miles, incluyendo al teólogo francés Jérôme Hermès Bolsec en 1551. Calvino persiguió, avaló la violencia, la tortura, el exilio y ejecutó despiadadamente a todo aquel que se oponía a sus enseñanzas. Y además, enseñó falsas doctrinas…

Las falsas enseñanzas de Juan Calvino

Como es sabido, Calvino no solo enseñó la falsa doctrina del bautismo de infantes, la unión iglesia – estado, el derecho divino de las monarquías, el feudalismo y las ideas incipientes del capitalismo, sino que fue además un tenaz defensor de la virginidad perpetua de María.

Calvino decía, respecto al pasaje bíblico de Mateo 13:55 en donde se menciona a los “hermanos” de Jesús, que esa palabra “hermano” esta de acuerdo con un hebraísmo que significaría “pariente”, por lo tanto, concluye que ese texto bíblico no asegura que Maria tuvo más hijos. Lo mismo afirmaba respecto a 1ª corintios 9:5, gálatas 1:19 y Mateo 1:25 donde Calvino llama a aceptar la explicación entregada por san Jerónimo (342 – 420) quien defendió fervientemente la virginidad perpetua de Maria, dogma que luce inamoviblemente en el credo Católico Romano. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Ante este último punto, solo queda resaltar respecto al pasaje de Mateo 1:25 donde parece la palabra “conoció” (del griego ginóskó), ese vocablo perfectamente puede ser traducido como “conocimiento sexual”. El texto dice: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito”. Esta interpretación tiene consonancia con el contexto que indica que José, al enterarse del embarazo de María, y para no infamarla, quiso dejarla secretamente, pero un ángel del Señor en sueños, le persuadió de lo que realmente estaba ocurriendo con María.  (Mateo 1: 18-20) Por lo tanto, el verso 25 da la razón de que Maria fue virgen hasta después que dio a luz a Jesús.

Por otra parte, la palabra “conocer” aparece en otros pasajes bíblicos. La biblia dice: “Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set” (génesis 4:25). Aquí el texto usa el vocablo hebreo YADA que en el contexto puede ser traducido como “intimidad sexual”. La misma palabra se una en génesis 19: 5 donde dice: “Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos En ambos textos (entre otros) la palabra “conocer” significa intimidad sexual.

En conclusión, defender el dogma de “la virginidad perpetua de María”, como lo hizo el “reformador” Juan Calvino, no es otra cosa que defender un sofisma que conforma uno de los pilares de la iglesia de Roma.

Dave Hunt en su libro “¿What love is this?” (¿Que amor es este?) dice: ¿Era Calvino realmente un gran exegeta?“Los argumentos de Calvino reflejan una inclinación a favor de la mentalidad sacra que aprendió como Católico Romano de Agustín, la cual elaboró y después se vio obligado a defender. Su lógica a menudo traiciona una inmadurez espiritual. Increíblemente, Calvino sostuvo: En la actualidad son nuestros Cata-bautistas, que niegan que estamos debidamente bautizados, porque fuimos bautizados en el papado por idólatras y malvados… Contra estas cosas absurdas vamos a ser suficientemente fortificados si reflexionamos que por el bautismo fuimos iniciados… en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo; y, por lo tanto, que el bautismo no es de hombre sino de Dios, por quien sea que lo halla administrado (sea clero o no) …Ya sea que los que nos bautizaron eran ignorantes de Dios y sin ninguna piedad o aun aborrecedores, aun así no nos bautizaron a su ignorancia o sacrilegio, pero en la fe de Jesucristo, porque no invocan su propio nombre, sino el de Dios… Pero si el bautismo es de Dios, sin duda incluye la promesa del perdón de pecado, la mortificación de la carne, el estímulo del Espíritu y la comunión con Cristo”

“En el calvinismo, el acto físico del bautismo tiene poder espiritual y proporciona la regeneración. ¡El ser bautizado por sacerdotes Católicos Romanos, que incluso no eran cristianos y promovían un falso evangelio, era aceptable a Calvino porque utilizaban el nombre de Dios cuando lo administraban! Incluso ser bautizado por aborrecedores de Cristo y de Dios traería la “promesa del perdón de pecado…” porque eran “parte del oficio ministerial”. Increíblemente, a pesar de ser una figura importante en la reforma protestante, ¡Calvino honraba a sacerdotes corruptos e incrédulos de Roma como ministros de Dios! Sin embargo, condenó y persiguió a los que salieron de ese sistema del Anticristo a través de la fe en Cristo para ser posteriormente bautizados como creyentes según la Santa Palabra de Dios. Calvino enseñó que solamente el clero podía bautizar o administrar la cena del Señor, ya sea católico o protestante: No… Es apropiado a particulares tomar para sí la administración del bautismo; para eso, así como la dispensación de la cena, es parte del oficio ministerial. Porque Cristo no dio instrucciones a cualquier hombre o mujer a bautizar, sino solo a aquellos a quienes él había nombrado apóstoles”

“Así también Calvino aceptaba el reclamo de Roma que sus obispos eran los sucesores de los doce apóstoles, y de ellos sus sacerdotes recibían la autoridad divina. ¿Y era él un líder de la reforma? Contrario a lo que Calvino enseñó acerca de un “oficio ministerial” exclusivo, nuestro Señor Jesucristo mandó claramente a los discípulos originales el hacer discípulos y enseñar a cada discípulo a quien ellos ganaban por medio del Evangelio, “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20)” (Dave Hunt – Libro ¿What love is this? páginas 348-349)

El legado de la reforma protestante del siglo XVI

Son tantos los argumentos verosímiles que denuncian una “sobrevaloración” moral, espiritual y de erudición, principalmente de los reformadores Lutero y Calvino, que la historia y relato épico sobre la obra de ambos como única versión oficial, se va desmoronando casi por completo. Las razones principales del desprestigio a una época que otrora era considerada como sacra son:

1.De un movimiento aparentemente religioso, la reforma protestante se transformó en una estrategia geopolítica a fin de restar hegemonía al papa de Roma.  La reforma oficial del siglo XVI tuvo un cariz y propósitos muy distintos a la de aquellos “infravalorados” protestantes de siglos antes, como Pedro Valdo (1140 – 1218), Juan Huss (1369 -1415), John Wyclif (1320 – 1384) o Girolamo Savonarola (1452 – 1498). Lutero y Calvino se transformaron en los fundadores de una vertiente religiosa necesaria para el poder temporal de Carlos V, y todo creyente que se opusiera a esa perspectiva, era considerado como hereje, arriesgando ser quemado en la hoguera de la inquisición protestante; este fue el caso de los anabaptistas, quienes denunciaron la distorsión del cristianismo de ese tiempo, pagando el precio de la persecución, el destierro y la muerte inclusive.

2.Las famosas 95 tesis de Lutero, protestaron exclusivamente en contra de las indulgencias, pero no hubo ninguna protesta al falso cuerpo doctrinal de la iglesia de Roma (doctrina del purgatorio, la estructura piramidal, la fusión iglesia – estado, la misa – el paido bautismo – la confesión, etc.) Por tal razón, cabe preguntarnos: ¿De que reforma estamos hablando? Algunos dicen: “…la reforma se dedicó a reivindicar la salvación solo por gracia por medio de la fe”, sin embargo, la reforma mantuvo intacta la idea “sacramentalista” para ser salvados; es decir, salvación por obras. Tan solo basta con leer la confesión de Augsburgo de 1530, los catecismos de Lutero, o la institución de la religión de Calvino. Los famosos reformadores aludidos, atacaban tenazmente al papa de Roma, pero mantuvieron las doctrinas católicas.

3.Creación de una oligarquía político – religiosa. Es sabido que tanto Lutero como Calvino se aferraron al poder temporal, congraciándose con la monarquía del sacro imperio romano – germánico bajo la tutela del emperador Carlos V, a quien le interesaba mucho tener una vertiente religiosa que sustentara su idea expansionista. La idea maniquea de buenos y malos arraigada en este “cristianismo” distorsionado y de una teocracia enfermiza originada en la filosofía de Agustín de Hipona, llevó a estos “reformadores” a hacer uso de su poder coercitivo y civil para impartir su “evangelio” desde la oligarquía, y muy lejos del carácter de Cristo.

4.Una historia teñida en sangre. Por ejemplo, la persecución brutal contra los anabaptistas, a otros llamados “herejes”, la decapitación de Thomas Müntzer y la matanza de miles de campesinos que reclamaban por su maltrato en 1525, la rebelión de Münster en 1535, el asesinato de Miguel Servet, entre otros, dan cuenta de que la historia de la reforma protestante, no solo tiene aquella imagen romántica y épica de “hombres de Dios” que habrían reivindicado el evangelio verdadero, sino que lado negro y nauseabundo que poco se atreven a enseñar en sus iglesias. Hoy, hablar mal de Lutero o Calvino (es decir hablar la verdad histórica), es considerado como una herejía digna de excomunión, que no me cabe duda alguna, que, si aún existiera la inquisición protestante, algunos quizás seríamos cenizas hace rato.

5.El desprecio de libros canónicos, en particular el apocalipsis de Juan. Como se ha dicho, Lutero cuestionó varios textos de la biblia, calificándolos como de dudosa reputación. Este es el caso del libro de apocalipsis de Juan, en donde Lutero hace una caricatura de lo que allí se habla; mirando con desdén la información profética que Dios ha entregado a su pueblo para entender el pasado, discernir el presente y conocer los sucesos futuros. Esta enseñanza errónea proviene de los mal llamados padres de la iglesia, refrendada por los reformadores e incubado en las mentes de las nuevas generaciones por tantos “teólogos” racionalistas que se esmeraron en erradicar de la biblia toda la enseñanza sobre natural, calificándola muchas veces como mitos. Legados letales como el de Karl Barth o Rudolf Bultmann dan cuenta de esto.

6.Legado nicolaíta. La reforma protestante elevó la enseñanza de la existencia del clero dentro de la iglesia. El nicolaitismo fue una corriente de los primeros siglos que permeó a algunas iglesias, y que entre otra cosas, enseñaba que la iglesia se dividía entre clérigos (los que están mas arriba) y los laicos (los que están mas abajo). Esta división no aparece en la enseñanza de Cristo y de sus apóstoles, sino que es el legado de la patrística como cimiento de la iglesia de Roma. Los reformadores no cambiaron nada al respecto.

7.El antisemitismo. La reforma protestante dejó además la herencia de un odio acérrimo a los judíos. Siguiendo la enseñanza de la patrística, Lutero y Calvino mantuvieron su desprecio por los judíos, y ratificaron la idea de que “la iglesia” había reemplazado a Israel el cual habría sido desechado por Dios. Esta enseñanza se ha mantenido intacta en las iglesias “reformadas” de la actualidad. La biblia enseña que Israel como etnia, aún mantiene vigentes promesas sempiternas dadas por Dios, y que se cumplirán de modo literal en el futuro.

8.La reforma protestante y la supremacía racial y desprecio a los pobres. Debido a su fuerte arraigo en la idea maniquea de Agustín, los protestantes reformados afirman un determinismo extremo impuesto por Dios, a tal punto de decir que hay personas que fueron predestinadas para ser pobres y esclavos, mostrando además un menosprecio por las etnias autóctonas o personas sin fisonomía indoeuropea. Esto explica el racismo y la defensa de la esclavitud sostenida por protestantes famosos. Lutero y Calvino defendieron el feudalismo, aportando inclusive con un incipiente capitalismo que se consagraría desde el siglo XVIII. Ellos defendieron la esclavitud al igual que afamados clérigos protestantes del siglo XVIII como Jonathan Edwards (1703 – 1758) o George Whitefield (1714 – 1770)

9.La reforma protestante y el afán expansionista. Debido a que los reformadores Lutero y Calvino fueron los fundadores de un brazo religioso del poder político de Carlos V y el sacro imperio romano – germánico, cuya teología agustiniana era forzar a los herejes a entrar en la “ciudad de Dios”, la idea de expansión territorial no se dejó esperar. Mientras Roma hacía sus esfuerzo con el imperio católico, los reformadores hacían lo propio con su imperio protestante. Esto nos permite entender de manera sencilla el avance del imperio español en gran parte de américa portando la cruz del vaticano en sus estandartes, y los anglosajones conquistando norte américa bajo la cruz protestante.

Ante este punto, me parece interesante citar el libro “Rise and Fall: A History of the World in Ten Empires” (Auge y Caída: Una historia del mundo en diez imperios) del inglés Paul Strathern, donde se menciona los imperios más sanguinarios y genocidas de la historia. Sobre este libro, el periodista y escritor Chileno Francisco Ortega, destaca que los imperios de occidente y su bandera del protestantismo fueron los más sanguinarios, por tanto, da gracias de que nosotros hayamos sido conquistados por los españoles, y no por los ingleses, belgas u holandeses. De hecho, el imperio español no aparece en la lista del libro. Agrega que los imperios de occidente más sanguinarios tenían algo en común: eran protestantes. Según el periodista, la reina Isabel de España remarcaba que todo nativo tenía alma y merecía respeto; cosa que nunca consideraron los imperios protestantes.

10.La distorsión de la perspectiva celestial de la iglesia. La reforma protestante aportó sistemáticamente a que la iglesia olvidara su impronta como pueblo peregrino y embajador, y a dejar de “mirar al cielo” esperando el regreso del Señor. Los intereses de los reformadores protestantes era aquel compromiso por “cristianizar” al mundo a sangre y fuego, y para eso, tenían que necesariamente obedecer al estado y al gobierno de turno, quien, a su vez, cual simbiosis, les entregaba autoridad, prestigio y capacidad de coerción para “evangelizar”. Ante esto, no hay “pastor” que se resista. La actitud servil y de ramera, es la característica de la iglesia protestante arraigada en la reforma del siglo XVI. Con justa razón los anabaptistas que fueron perseguidos salvajemente por Lutero y Calvino creían firmemente en lo que resume William R. McGrath: “La verdadera iglesia es la novia de Jesucristo comprada con sangre, no la Iglesia ramera que se pasea de la mano de los reinos de este mundo. Amén” (William R. McGrath “Los Anabaptistas: ni católicos ni protestantes”).

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo no ayude a discernir este importante tema. Amén. Maranata!

PEL 01/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La oscura herencia de la reforma protestante del siglo XVI

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