
Produciendo mundanos decentes
“El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?” Mateo 19: 20
Hay una triste realidad dentro de lo que se conoce como iglesia cristiana. Muchos, y no pocos, pensando que son creyentes, demuestran en su testimonio que no lo son, porque no entienden el evangelio. Ellos creen que ser cristiano es solo vivir una vida moralmente decente, tal cual como este joven rico también lo pensaba. Él presumía que guardaba la ley y sus mandamientos: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre; etc., pero en la práctica, le faltaba lo principal, entender el evangelio y nacer de nuevo. Tal cual como el conocido maestro Nicodemo o el centurión llamado Cornelio; ellos eran personas decentes, pero no eran salvos.
Oí de un hermano la expresión: “mundanos decentes” que me impresionó y me quedé meditando en eso. No podemos negar que la llamada cristiandad ha estado por décadas produciendo a nivel industrial “mundanos decentes”. Personas que ordenan sus vidas, que dejan el alcohol, las drogas y la vida licenciosa, pero siguen sin entender el evangelio. De ahí el impacto al considerar que ser mundano, no significa una vida sumida en el fango del pecado. Una persona decente y de senda limpia puede seguir siendo mundana, pero decente. La mundanalidad no significa necesariamente vivir en los designios de una vida licenciosa. Una persona puede tener su vida y familia en regla, pero eso no es garantía de salvación. Como alguien dijo: “el infierno está lleno de buenas personas”.
El joven rico decía guardar todo lo que la ley le imponía, pero él no tenía una relación con Dios. Tan solo basta con ver que ese episodio culmina con la penosa imagen de este joven que, luego de oír al Señor, se afligió y se fue muy triste porque su corazón estaba puesto en sus riquezas (Marcos 10: 22 y Lucas 18: 23). No en vano la biblia dice: “porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6: 21)
No es raro ver miembros de iglesias que les aflige y les entristece el verdadero evangelio y sus demandas. Oír que el Señor enseña en su palabra que guardar una serie de reglas o tener una vida decente no es suficiente para heredar la vida eterna, sin duda que para el inconverso produce mucha aflicción en su corazón y tristeza, a tal punto de volverle la espalda y buscar otro rumbo. Así lo hizo una multitud que buscaba a Jesús solo por los milagros, pero repudiaba sus palabras y demandas (Juan 6: 66). Esto explica porque las congregaciones más “exitosas” en reunir oyentes, son aquellas cuyos mensajes potencian las supuestas bondades y justicias propias de los individuos, prometiéndoles a cambio, prosperidad económica, emocional y de salud. Allí ellos se sienten bien, porque piensan que eso es suficiente para heredar la vida eterna. Esas “iglesias” están llenas de “mundanos decentes”.
Qué duda cabe que aquel joven rico y miembro de la élite de poder (Lucas 18:18), pensaba que su correcta vida moral era suficiente para ser salvo. Aquella pregunta: ¿Qué mas me falta?, revela que este individuo lleno de orgullo no conocía en nada quien era Jesús, a pesar de haberle inclinado su rodilla y de llamarle “maestro bueno”. Hablar bien de Jesús, inclinarse o buscar otra acción para agradarle a Él, no significa nada si la persona no ha entendido su obra redentora y todo suficiente en la cruz. Ni el mejor de los poemas puede cambiar la perspectiva de las demandas del evangelio de Jesucristo. La biblia dice:
“Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” Lucas 11:27-28
Esta escena es memorable, porque nos enseña que ni aún la bienintencionada y decente mujer que gritó desde la multitud esta frase llena de poesía y alabanza, cambió en algo la perspectiva correcta del mensaje de Cristo. Él le dijo: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”. No fue la romántica retórica de la mujer que hace bienaventurado a un individuo, sino que exclusivamente oír y guardar la Palabra de Dios; eso es lo que verdaderamente trae bienaventuranza. No olvidemos que la conjunción adversativa “antes” indica la idea de contrariedad y preferencia, es decir, en lugar de las palabras decentes de la mujer, Dios se agrada de que las personas oigan y guarden sus palabras.
La religión está sumida solo en las lindas palabras hacia al Señor; solo en las escrituras épicas y cautivantes que pretenden ensalzar a Dios y a su Hijo Jesucristo, pero los autores de estas mismas composiciones litúrgicas siguen viviendo para sí mismos y siendo “mundanos decentes” sin conocer a Cristo y su obra de la cruz. Desde los púlpitos (que dicho sea de paso ya están en extinción…) las personas emiten sus largas palabras cargadas de religiosidad sin vida e inconsistentes, y que dan cuenta de sus propios testimonios personales. En otras palabras, se habla lo que no se vive, y no se vive lo que se habla. “Creyentes” de vidas naturales y “mundanos decentes”
Terapias de mundanalidad decente
La llamada iglesia de Cristo ha formulado muchas técnicas y actividades como terapias, fuera de los lineamientos bíblicos, para pretender dar eficacia a la predicación del evangelio. Desde el uso de las artes (recitales musicales, obras de teatro, etc.) hasta espectáculos y shows (café concert, stand ud comedy, etc.) a fin de que la gente mundana se sienta atraída para entrar en estas organizaciones religiosas, y limpien sus vidas “para Cristo”. En esta premisa, la gente va, descubre amabilidad e integración, y por consiguiente, se cautiva con una “iglesia” que se centra en el bienestar del hombre y en su sanidad físico – emocional. Allí se conocen los jóvenes, se casan, hacen familias, y viven su vida natural y decente, pero sin conocer la obra de redención en Cristo. Esto sí que es grave, porque pensando estar a salvo del juicio venidero, multitudes están siendo engañadas por un pseudo evangelio que solo produce “mundanos decentes”.
En algunos lugares se realizan encuentros matrimoniales a la usanza católica romana, campamentos de jóvenes, retiros espirituales, etc., que solo terminan siendo momentos gratos y emocionantes; en donde matrimonios quebrados se reencuentran, jóvenes que “queman sus pecados en una hoguera” (enseñanza muy extraña a la luz de la biblia), y que pretenden limpiar sus vidas, pero sin haber nacido de nuevo. La formula para evangelizar ha fallado, porque en lugar de ver convertidos genuinamente por el poder del evangelio, se ha emprendido una fábrica de “mundanos decentes” que se transforman solo en “buenas personas”, pero sin haber nacido de nuevo. No olvidemos que instituciones filantrópicas como “alcohólicos anónimos”, o sectas como los testigos de Jehová, mormones, etc., producen también resultados exitosos en la corrección de conductas pecaminosas de los individuos, pero no pueden convertir a nadie para salvación. Ellos también producen “mundanos decentes”
El riesgo de ser un “mundano decente”
Principalmente, el riesgo de ser un “mundano decente” es adormecer la conciencia y transformar la actividad religiosa en un opio que censura la corteza cerebral y el pensamiento crítico. El “mundano decente” actúa como aquel fariseo que oraba consigo mismo diciendo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros” (Lucas 18: 11). El ensimismarse es el gran riesgo de vivir una senda limpia y de decencia sin Cristo. Y alguien dirá: ¿Se puede ser decente y moralmente correcto sin Cristo? La respuesta es un categórico sí.
Los fariseos representan fielmente a todos aquellos “mundanos decentes” que piensan que sus acciones supuestamente justas confirman y garantizan que Dios esta con ellos. Cuando eso ocurre en un individuo, el tal se siente mejor y mas meritorio que los demás. Se autocalifica como “persona de bien” porque presume que “guarda los mandamientos de Dios”. Ante esto, veamos el siguiente pasaje de las escrituras:
“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” Mateo 12: 43-45
Es interesante considerar que estas palabras fueron dichas justo antes de que aquella decente mujer clamara desde la multitud esas hermosas palabras de las cuales ya hablamos anteriormente. Es decir, lo más sensato habría sido oír con interés y preguntar al Señor sobre el significado de este profundo pasaje, en lugar de irrumpir con una romántica poesía. Esto me recuerda los gritos pentecostales que por cualquier cosa dicen: ¡Amen! ¡Aleluya! Sin meditar ni profundizar en la palabra de Dios.
El pasaje selecto de las santas escrituras habla de un espíritu inmundo que sale del hombre. Es cierto que en sentido corporativo esta hablando de la realidad de Israel, cuyos líderes que se creían justos en sí mismo, no reconocieron a su Mesías, pero no es menos cierto que la enseñanza puede ser aplicada sin ninguna discrepancia en un sentido individual.
El espíritu inmundo sale de un individuo, busca un lugar donde reposar, pero no lo encuentra y decide volver desde donde salió diciendo: “volveré a mi casa”. La casa es la morada que simboliza el cuerpo de una persona cuya religión lo limpia, lo ordena, pero permanece vacío. El espíritu inmundo vuelve con siete espíritus peores que él, y encuentra la casa desocupada, barrida y adornada. En consecuencia, el estado de aquella persona se vuelve peor que antes.
Es bien sabido que un verdadero creyente que experimenta la conversión por medio del poder del evangelio se transforma inmediatamente en morada del Espíritu Santo, por lo tanto, la obra de salvación no solo incluye limpieza y adorno de aquella “casa”, sino que además deja de estar desocupada o vacía porque el santo Espíritu de Dios viene a morar allí. El Señor dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” Juan 14:23
Pablo agrega: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 1ª corintios 3: 16, y además, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1ª corintios 6: 19. Por su parte Santiago dice: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” Santiago 4:5
Sin embargo, todo aquel que limpia y adorna su casa, sin Cristo ni su evangelio de salvación, no puede ocupar su casa, por lo tanto, queda expuesta a que el espíritu inmundo vuelva en compañía de siete espíritus peores que él. Es decir, la limpieza que así mismo pueda hacerse un individuo no sirve de nada, puesto que aquella “casa” seguirá siendo guarida de los espíritus inmundos. Eso hace la religión, incluyendo la evangélica; limpia al individuo, lo adorna con sus atuendos, le dicta un listado de lo que debe hacer, pero aquella casa sigue vacía; sin ser morada del santo Espíritu de Dios.
Ser “mundano decente” es entender de modo natural que se debe ser buena persona y que se debe amar al prójimo; hacer buenas obras y procurar estar en paz con todos, pero no se puede entender el evangelio y la obra de Cristo. Para el “mundano decente” hablar de Cristo es solo hablar de un Salvador, pero NO del Señor que exige obediencia. Cristo dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6:46
Que la gracia de nuestro Señor y Salvador nos ayude a entender este importante tema. Que así sea. Amén.
PEL 02/2026
