LA IMPORTANCIA DE CRECER

La importancia de crecer

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” hebreos 5: 11-14

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Todo creyente es considerado en la biblia como una nueva criatura que debe ir creciendo hacia la adultez espiritual. Así como no es normal que un bebé no crezca adecuadamente en la medida que avanzan sus días de existencia, de la misma forma, un hijo de Dios, en la medida que avanza el tiempo, necesariamente debe ir creciendo.

No obstante, así como en un sentido natural vemos que hay bebes, que, por razones nutricionales, no crecen de modo normal de acuerdo con su edad, en los creyentes pasa exactamente lo mismo. Un niño desnutrido debe ser sometido urgentemente a una estricta y reforzada dieta alimenticia para crecer. Así también un creyente desnutrido debe esforzarse por alimentarse constantemente de la Palabra de Dios, que es nuestro nutriente, para dejar de ser niño y crecer conforme pasa el tiempo.

El autor de hebreos trata el asunto de la importancia de crecer para entender el misterio y las profundidades del Hijo de Dios. Él dice que “debiendo ser ya maestros”, es decir, estar capacitado con la madurez suficiente para enseñar a otros el evangelio de Cristo, no obstante, su propia inmadurez lo impide, y por lo tanto, el tal debe seguir alimentándose como bebé porque no puede recibir alimento sólido.

Dios quiere que sus hijos vayan creciendo para que puedan dejar el período de “lactancia espiritual”, y poder recibir alimento de adultos. Hoy se observan iglesias multitudinarias que están compuestas de “niños” que no entienden el evangelio ni disciernen nada. Una masa, entre la cual hay personas que llevan años asistiendo a una congregación, que no sabe quién es Dios ni quienes son ellos mismos. Por eso la importancia de crecer.

En una iglesia sana, en donde se enseña la Palabra de Dios y se persevera en ella, el gran problema de la desnutrición y la falta de crecimiento espiritual recae básicamente en la responsabilidad de cada individuo. El texto dice: “por cuanto os habéis hecho tardos para oír”.  Aquí la palabra “tardos” deriva de un vocablo griego que puede ser traducido como “perezoso o lento”, es decir, denota la idea de displicencia, apatía o flojera ante la necesidad de alimentarse para crecer. Un individuo que no se esfuerza en oír y en aprender de la Palabra de Dios; y además muestra una constante apatía en oír y aprender, esta sentenciado a transformarse en un bebé espiritual que nunca va a entender en profundidad el evangelio. No podrá conocer a Dios, y consecuencia, tampoco podrá conocerse a sí mismo. De ahí la importancia de crecer.

El creyente que va creciendo, también va madurando, y por lo tanto, sus sentidos serán ejercitados para el debido discernimiento del bien y del mal. El texto dice: “el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” hebreos 5:14.

Una iglesia sin discernimiento.

Hay una gran cantidad de miembros de iglesias llamadas cristianas evangélicas que no tienen ejercitados sus sentidos en el discernimiento del bien y del mal. Ellos no logran entender que la iglesia no es solo infraestructura ni lugar de reuniones sociales. Tampoco logran asimilar lo que está ocurriendo en el mundo y relacionarlo con la palabra profética que todos tenemos a nuestro alcance. Una iglesia sin discernimiento es vulnerable ante las manipulaciones de líderes carismáticos y narcisistas que emplean con astucia las artimañas del error. El apóstol Pablo dice:

“…no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” efesios 4: 14

Una iglesia sin discernimiento, a todo dice “amén”, inclusive ante las cosas más inverosímiles que se pueden emitir desde los pulpitos. Mientras desde allí se vociferen las palabras: Cristo, Espíritu Santo, Aleluya, biblia, etc., para aquella masa que no discierne nada, es suficiente. De ahí que, por ejemplo, el poder político ha colonizado el pensamiento de corporaciones evangélicas, cuyos líderes se han vendido al mejor postor a cambio de dinero y prestigio, traicionando a Jesucristo. La falta de discernimiento dentro de la llamada iglesia de Jesucristo no permite conocer las asechanzas del maligno ni reconocer oportunamente a un lobo que entra al redil con pelaje de oveja.

Aquel individuo que no crece espiritualmente es tan igual como un niño que solo piensa en jugar a cosas entretenidas. No le interesa leer ni cultivar su espíritu e intelecto. Es como que un padre saque a pasear a sus pequeños hijos a una biblioteca; por supuesto que aquellos niños no se sentirán agradados porque solo quieren diversión. El ejemplo, no dista mucho de personas que se motivan a participar de las reuniones, solo cuando hay actividades sociales y entretenidas, pero huyen de aquellas que están para cultivar su espíritu con el estudio sistemático de La Palabra de Dios. Por eso la importancia de crecer.

El apóstol Juan dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” 1ª Juan 4:1. Este es un mandamiento; primero, a no creer a todo espíritu, y segundo, a probar los espíritus. Pero para eso se requiere crecimiento. Aquí la palabra “espíritu” se refiere al aliento, soplo o inspiración con el cual un individuo enseña o predica. Esta inspiración puede ser meramente humana. Por ejemplo, un líder que tiene intereses inescrupulosos de profitar con el evangelio va a manipular pasajes bíblicos para lograr su objetivo.

Pero la inspiración que mueve a un maestro puede provenir directamente de espíritus engañadores que circulan en medio de iglesias nominales en donde no está el Espíritu de Dios. Pablo dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” 1ª Timoteo 4:1. Un individuo que comienza a enseñar falsas doctrinas que atentan a la sana doctrina de Cristo, es un sujeto que habla por el soplo del mismísimo satanás. Es decir, no solo existe la inspiración o espíritu humano que guía a un predicador, sino que además puede ser la inspiración del diablo. Y esto solo se puede discernir con crecimiento. De ahí la importancia de crecer.

El Señor Jesucristo nos dejó una gran enseñanza para discernir la verdad del error. Él dijo: “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia” Juan 7:18. Jesús hablaba de su propio ministerio que siempre estuvo marcado por la obediencia y un sometimiento absoluto a su Padre. No olvidemos que él nunca habló por su propia cuenta, y siempre buscó la gloria de su Padre, y además, advirtió que los judíos sin discernimiento recibirán a un falso mesías; aquel usurpador que se hace pasar por el verdadero Mesías. (Juan 5:43).

En una aplicación práctica, esta es una estupenda receta para saber si alguien habla dirigido por el Espíritu Santo o por una inspiración humana o diabólica. Cristo dice que el que “habla por su propia cuenta, su propia gloria busca”, es decir, al oír a un maestro cuya enseñanza es humanismo puro, entonces se discierne y se descubre que el tal está buscando que las miradas de sus oyentes vayan hacia sí mismo y no hacia Cristo. Pero el que busca glorificar a Dios en su Hijo, Cristo dice: “éste es verdadero, y no hay en él injusticia”. Para descubrir quien habla por su propia cuenta o aquel que habla dirigido por el Espíritu Santo, se necesita discernimiento, y para eso es necesario crecer y madurar.

 Crecimiento, madurez y discernimiento.

La importancia de crecer radica en la necesidad de llegar a la madurez y al ejercicio del discernimiento. Un creyente maduro, entiende y discierne, y no cambiará su manera de pensar fácilmente. El tal logra tener convicciones fuertes y perfiles claros. En una iglesia se debe impartir sistemáticamente la Palabra de Dios para que los oyentes crezcan, maduren y disciernan. No olvidemos que Cristo nos advirtió que el tiempo final será un tiempo de engaño (Mateo 24:4). Hoy mas que nunca necesitamos de cristianos maduros que disciernan y separen la verdad del error. La humanidad que se aproxima raudamente a enfrentar el día temible de la ira del Señor vive en la inversión de la verdad. En lugar de creer en el Dios Creador, quien nos hizo a su imagen y semejanza, actúa como un dios creando ídolos a semejanza de imagen (romanos 1:23). Como dijo Isaías: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” Isaías 5: 20-21.

Como sabemos, no basta solo los argumentos para presentar la verdad, porque la gente no quiere creer ni puede creer a la verdad, y siempre ha sido así. Recordemos que ese es el sello del pecado desde el génesis; el hombre comió deliberadamente del fruto que lo mataría espiritualmente (génesis 3: 6), y desde ahí siempre escogerá la mentira, a menos que El Soberano le abra el corazón. La humanidad vive en la mentira diciendo que esa es la verdad. Cristo dijo: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malasJuan 3: 19, de ahí que eligieron a Barrabás en lugar de Jesús (Mateo 27: 16-22), y en el futuro previo a la segunda venida de Cristo, la humanidad seguirá creyendo la mentira. Pablo dice: «…Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” 2ª tesalonicenses 2:11

Por eso la necesidad de crecer y discernir. No podemos negar que una de las características del último tiempo es una sociedad sumida en la mentira. La llamada iglesia de Cristo No discierne entre la verdad y la mentira. Debiendo ser columna y baluarte de la verdad, termina siendo promotora de la mentira y del engaño. Líderes de la llamada iglesia cristiana han cambiado la perspectiva celestial por una absolutamente terrenal; transformándose en garantes de líderes políticos, pseudocristianos y con pasta de mesías, que llegan al poder mediante la mentira, y una vez sentados en su trono, siguen mintiendo. Por eso la importancia de crecer.

Ahora cualquiera viene y presenta una doctrina novedosa llena de luces y atractiva, y la mayoría lo cree sin ningún filtro ni discernimiento. Hoy se dice que la serpiente del edén no era serpiente; que la burra de Balaam no habló; que los cuervos que alimentaron a Elías no eran cuervos; que los leones del foso donde fue enviado Daniel no eran leones; que el gallo que cantó luego de las negaciones de Pedro no era un gallo, etc., y nadie discierna ni dice nada. De ahí la importancia de creer.

Amados hermanos, quienes, por la gracia de Dios, somos creyentes en Cristo, estamos mandatados a obedecer y a crecer en la gracia y el conocimiento de la Palabra de Dios para madurar, discernir, y lograr detectar las estrategias de hombres corruptos que emplean con astucia las artimañas del error.

Ya estamos en el último tiempo, y la biblia enseña que El Soberano permitirá que se mueva un «espíritu de error» para que los inconversos, sean religiosos o no, crean en La Mentira y se complazcan en ella. Necesitamos entender los tiempos y saber que hacer y decir en medio de un mundo distópico, convulsionado y con oscuras e inquietas olas, pero para eso, es necesario crecer, madurar y discernir.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos ayude a ser obedientes, a alimentarnos permanentemente de la Palabra de Dios y seguir creciendo en las profundidades de su santo evangelio para nuestro bien y el de nuestras congregaciones. Que así sea, Amén.

PEL 04/2026

 

 

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