EL MAL MENOR

LA POLARIZACIÓN POLÍTICA DE LA IGLESIA – UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Análisis del sofisma del “mal menor”

En este último tiempo se ha ido incrementando considerablemente la intranquilidad y la tribulación en muchos cristianos que ven con mucho terror lo que está pasando en el mundo. La presente pandemia, las crisis sociales, económicas y la caída estrepitosa de las instituciones y el orden están llevando a muchos líderes a perder “la brújula” de la Palabra de Dios, y por consecuencia, están buscando la alianza con la política para – “juntos”- hacer frente al avance de la maldad.

Algunos optando por facciones políticas de ultraderecha, mientras que otros aliándose a políticos de ideología marxista.  Curiosamente, ambos extremos amparados por la ideología del catolicismo romano de izquierda y derecha política. (Opus Dei, fieles de Schönstatt, Legionarios de Cristo, etc.,  por un lado, y Jesuitas, teólogos de la liberación, etc., por el otro.). En resumen, líderes sin discernimiento espiritual que rebajan el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, a una lucha encarnizada en pos del bienestar del hombre aquí en la tierra.

El fenómeno que está ocurriendo, es una fuerte polarización política dentro de la llamada iglesia de Cristo. Líderes y fieles seguidores piensan que los cristianos deben promover y votar por políticos que representan los “valores bíblicos”, y por tal razón, deliberan políticamente optando por lo que ellos mismos denominan “el mal menor”. Aludiendo de manera injusta al texto bíblico de romanos 13 que habla de los deberes civiles de los cristianos, estos actuales “pastores” validan la necesidad de que la iglesia participe en política contingente y se incline al color político que más se acerque a “los intereses de Dios”. La nueva consigna es la búsqueda del llamado “mal menor» como fórmula legitima para cumplir el rol de ser “sal de la tierra y luz del mundo” (otro texto bíblico maltratado por quienes solo piensan en lo terrenal).

El grave problema de esta premisa es que atenta contra el carácter soberano de Dios, rebajándolo a una pobre y débil lógica humana enmarcada en un “mal menor” que la biblia no avala en ninguna parte. La consigna del “mal menor”, deja en absoluta obsolescencia la soberanía de Dios, evidenciando el desprecio por lo que dice la santa escritura en cuanto a la total independencia que la iglesia siempre ha de tener con relación a los poderes de este mundo.  Es sabido que la búsqueda de la conquista de los poderes temporales siempre ha sido el desafío del catolicismo romano, pero ahora, en tiempos de profundo ecumenismo, también se ha transformado en la consigna de la gran mayoría de iglesias llamadas protestantes evangélicas que han abandonado la correcta perspectiva peregrina.

Los cristianos que creen en la Biblia como única norma de conducta y de fe, no pueden decir que existe la opción de “mal menor” en cuanto a la política contingente.  Es absurdo defender la idea de que la derecha política es mejor que la izquierda o viceversa. La verdad es que tanto la derecha e izquierda política, actúan en respuesta a sus veredas opuestas, pero ambas, no actúan en conformidad a la moral y justicia de Dios.

La derecha política se jacta de su profunda religiosidad y moral, pero transgrede impúdicamente los conceptos de justicia y dignidad que la sociedad debe tener de manera transversal. Por su parte, la izquierda política pretendiendo defender la justica y la dignidad, transgrede bajo la consigna atea o Gnóstica, otros valores y principios que Dios también exige en su Palabra. No existe fórmula o política humana que cumpla con la exigencia y altura de la moral de Dios. Es decir, a juzgar solo por la biblia; unos y otros, derecha e Izquierda política, no aprueban de ningún modo el estándar que Dios establece en su infalible Palabra.

Sin embargo, ahora los evangélicos dicen que “el mal menor” es optar por cualquier facción política que mantenga el “status quo” para evitar llevar al país a un descalabro social y moral, promovido exclusivamente por las fuerzas satánicas de la ideología marxista, la que nos pasaría del “paraíso al infierno”. Ellos hablan de Karl Marx y de su manifiesto comunista, o de Antonio Gramsci y su marxismo cultural, sin siquiera conocer los temas, y sin haber leído lo mínimo para formular una opinión seria y acabada.

Los feligreses repiten fielmente todo lo que les dicen aquellos manipuladores que aprovechan el caldo de cultivo de la ignorancia.  La verdad es hace mucho que los evangélicos repiten lo que ven u oyen por Youtube, y se alimentan de las diarias cadenas de mensajitos que circulan por las redes sociales, pero no invierten ni un minuto en leer y estudiar la biblia de manera sana y sin tendencias.  Esa es la cristiandad de hoy. Sin duda, que otra de las luchas que debemos dar, es contra la profunda ignorancia y la especulación religiosa que está tomando el control del llamado pueblo de Dios.

 EL EVANGELIO Y EL CARÁCTER ABSOLUTO DE DIOS

En primer lugar, consideremos brevemente que Dios revela su carácter absoluto e intolerante ante el pecado de todos los hombres. Sabemos muy bien, que, de no ser exclusivamente por la obra de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Gólgota, ninguno de nosotros podría ser salvo. Todos estamos imposibilitados en nuestra naturaleza humana, para cumplir plenamente las demandas del carácter santo de Dios. Dios exige la plenitud de santidad, no una parte, un promedio, o medida parcial como requisito para entrar al cielo y ser librado de la condenación eterna.

 Por lo tanto, sin Cristo y sin su obra de redención, todos estaríamos condenados sin posibilidad alguna de Salvación. Es en este análisis cuando vemos la columna de la justica de Dios que exige que, para ser salvos, debemos ser tan santos como Dios, cumpliendo toda su ley, y no solo una parte. ¡Pero eso es imposible! Bien sabemos que ningún ser humano puede hacerlo. Por tal razón Pedro dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” hechos 4: 12. 

Por consecuencia, entendemos que la salvación NO consiste en el promedio de nuestras obras, y en conformidad a ese resultado, ver si Dios nos salva o nos condena. En la mente de Dios no existe el concepto humanista del promedio o del axioma del “mal menor”. Dios es absoluto y no obra en el relativismo de los promedios. Hasta ahora no encuentro un texto bíblico en donde Dios, “rascando su cabeza”, opte por el “mal menor” para resolver los conflictos de la humanidad. Esto es solo un sofisma que la limitada mente humana ha creado en medio de la confección de “un dios” hecho a la medida. El hombre siempre ha intentado hacer una imagen de Dios a semejanza de hombre (Romanos 1: 23), incluyendo sus propias limitaciones. De ahí que la propia escritura advierte: “no te harás imagen (de Dios)” Éxodo 20:4

Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos antes de elevar proclamas en “nombre de Dios”, para afirmar que El Soberano se hace parte de idea políticas partidistas usando el llamado “mal menor”. La verdad es que Dios no necesita del “mal menor”. El absolutismo del Dios soberano siempre nos sorprende y nos deja con la boca cerrada, pero también nos da la paz y la esperanza de que Él siempre tiene y tendrá el control de todo. La biblia dice:

“Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto” Isaías 45. 45:5-7

 “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” Isaías 46:9-10

 ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?  Amos 3:6b

Quizás la herencia funesta de la iglesia católica romana y su teología humanista, incluyendo las enseñanzas aterrizadas de los mal llamados “padres de la iglesia”, nos ha llevado a pensar en un “dios” tan pequeñito e incompetente, que necesitaría de los hombres para influir eficazmente en los destinos de la sociedad y del mundo entero, mediante la política partidista de la opción del “mal menor”.  Esto es tan absurdo como concebir a Dios “rascándose la cabeza” y preguntándose qué hacer. Que lejos está aquello de lo que la biblia enseña. Con justa razón el salmista agrega: “…El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos” (Salmos 2: 4)

LA DERECHA E IZQUIERDA POLITICA – UN BREVE ANALISIS

En primer lugar, dejemos claro que los cristianos no tenemos nada que hacer en medio de partidismos políticos de izquierda, derecha o del presumido “centro”. Eso es determinante de acuerdo con un análisis serio de la enseñanza de Cristo y sus apóstoles. La iglesia de Cristo es un ente independiente ajeno a partidismos y tendencias humanistas, aun cuando una de estas pudiera promover ciertos valores judeocristianos. La perspectiva e intereses de la política y sus cultores, es terrenal en su mezquina ansia de poder, pero nunca celestial y eterna. Solo los creyentes regenerados sostienen sin vacilar esta bendita esperanza.

Cuando hablamos de política partidista, nos referimos a las grandes facciones políticas que rigen la sociedad, los estados y los gobiernos de turno.  La biblia no polariza a la sociedad ni en política partidista, ni en raza, ni aspectos intelectuales o socioeconómicos. La palabra de Dios tiene un mensaje que no hace acepción de personas, y que es absoluto y categórico: Todos somos pecadores y necesitamos imperiosamente de salvación (Romanos 3:9 y 23). Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (Hechos 17:30). Ese es el único y urgente mensaje que la iglesia tiene para esta sociedad. Sea de derecha o izquierda. Eso es lo primero.

También debemos recordar una vez, más que Cristo no vino a establecer su reino sobre pilares de la política partidista, pretendiendo amalgamar las diferentes facciones que la conforman. Recordemos que la sociedad de ese tiempo adolecía de los mismos problemas actuales. Asimetría social, corrupción, prevaricación, delincuencia, pobreza, etc. La PAX romana, imponía a “sangre y fuego” su propia concepción de “paz y seguridad” en medio de un conservadurismo que privilegiaba

a unos pocos a través de su implacable tributación para beneficio de los mismos de siempre. Por eso, a miles de años, cabe preguntarnos: ¿ha cambiado o mejorado en algo la sociedad? Como vemos, la debacle social sigue siendo la misma de siempre. ¿Será que acaso Cristo, los apóstoles y la iglesia, han fracasado en sus estrategias sociales y políticas, al no lograr los cambios necesarios para permitir la vida en el mundo en medio de paz, seguridad y justicia? ¿Será que los eruditos, doctores, teólogos y líderes actuales, sí han encontrado la fórmula para resolver la ecuación? O ¿será que la iglesia nunca ha sido mandatada por El Señor para pretender cambiar el mundo mediante alianzas humanas y partidismos políticos, so pretexto de frenar el mal?

En términos históricos, de manera breve y simple, recordemos que los conceptos de derecha e izquierda política se hacen notorios desde la revolución francesa de 1789. Desde allí emerge oficial y sistemáticamente esta polarización política que pasó a todo el mundo.  Unos enfocando su conservadurismo nacional, social, político, económico y religioso (derecha política). Y otros, apuntando hacia el progresismo e igualdad social, mediante la necesidad de reformas políticas, económicas; excluyendo la religión en asuntos de estado (izquierda política). Esto es una escueta explicación, pero útil para comprender mejor y de manera sencilla.

La Ilustración de los dos hijos

Para hacerlo aún más simple y a modo de ilustración, podríamos entenderlo, imaginándonos una familia de dos hijos. Por ejemplo, unos padres muy religiosos que, teniendo dos hijos, otorgan privilegios y favores solo a uno de ellos y no al otro, actuando con una evidente parcialidad, cuyas causas podrían ser variadas; desde ver con mejores ojos al hijo mayor que al menor (primogenitura), la belleza, los méritos y/o talentos naturales de uno por el sobre el otro etc. Como sea, el error inicial de estos padres ha sido criarlos haciendo preferencias.  (La biblia abunda en ejemplos de nefastos resultados cuando los padres hicieron parcialidad en el trato con sus hijos).

¿Qué es lo que producirá en ambos hijos la deliberada parcialidad de sus padres? Sin duda, que una profunda polarización y continuas e interminables disputas y rencillas entre ellos. Por cierto, que el hijo favorecido, querrá conservar sus privilegios en medio de un “status quo”, y defenderá con “dientes y uñas” y con todas sus fuerzas, el actuar de sus padres religiosos que así han formado su familia.

Por el contrario, el hijo desfavorecido ante la evidente parcialidad de sus padres y oportunismo de “su hermano”, creará profundas raíces de amargura y acumulación de rabia, y constantemente querrá romper con ese conservadurismo religioso de sus padres que le ha acarreado el trato desigual. Tanto el abuso oportunista del hijo consentido, como la rabia y rebeldía del hijo despreciado, son pecados que transgreden el carácter santo de Dios; ninguno de ellos debe ser considerado víctima. Eso es muy importante subrayarlo. En la sociedad estos elementos son evidentes. Las clases privilegiadas, que por muy religiosas que sean, son tan aborrecidas por Dios, así como también, aquellos que pretenden imponer “su justicia” por medio de la rebeldía y la venganza. En otras palabras, la paz de estos dos archienemigos “hermanos simbólicos” solo será posible en medio de un escenario de justicia, que solo Dios puede impartir.

Esto nos permite entender como se ha conformado la sociedad mundial, polarizada en ambos bandos. Por un lado, los conservadores religiosos, pero sin el Dios de la biblia, y otros que exigen cambios revolucionarios y ateos, porque el único “dios” que se les ha enseñado, no sabe de igualdad ni justicia. La derecha político-religiosa, hegemónica y déspota no queriendo perder sus privilegios, y por su parte, la izquierda atea, llena de odio y resentimiento arraigado en contra de “su hermano privilegiado”.  Ahora, salta la pregunta ¿Qué papel juegan “los padres simbólicos” en esta analogía social? “Los padres” vienen a ser “el sistema u orden” que rige la humanidad desde que el pecado entró al mundo. La biblia dice que todo este sistema está bajo el maligno (1ª Juan 5:19).  En términos simples, este sistema caído y diabólico, forma seres humanos con una arraigada desigualdad; privilegiando a algunos en desmedro de otros, tan igual como algunos padres crían a sus hijos, haciendo acepción de personas, lo cual Dios condena (Santiago 2:1).

Evidentemente, si esta alegórica “familia” que representa la sociedad mundial, estuviera redimida de la presencia del pecado y legítimamente revestida de gloria, todos los hijos crecerían con el mismo trato, justicia y equidad. Pero sabemos que eso, en este tiempo, es solo una mera utopía. Un sueño irreal que no será posible, sino hasta cuando Cristo regrese por segunda vez a poner en orden con su vara de hierro, a este sistema caído y diabólico (Apocalipsis 19:11-15). Por lo tanto, la solución no pasa por la derecha o la izquierda política, sino que por la redención de la presencia del pecado del hombre. Cristo dijo: “mi reino no es de este mundo” (Juan 18: 36).

Una larga historia de fracasos sin cambios

 Las ideologías más sinceras que han querido erradicar el problema de la sociedad, han tropezado con la misma piedra. El Pecado. El pecado lo arruina todo, aún nuestros más sinceros deseos de unidad, justicia y paz social.

Cuando leemos de destacados pensadores y religiosos que quisieron rebajar el mensaje de Cristo a una panacea de justicia social, tropezaron con el pecado de sus propios correligionarios y aún con aquellos que abusaban de la buena voluntad de las personas. Recordemos la afamada “teología de la liberación”, que motivada por una “izquierdización” del mensaje de Cristo, pretendió cambiar la sociedad, enseñando que Cristo habría traído un mensaje exclusivamente de justicia social para el establecimiento de su reino.  Pero recordemos, que la base del mensaje y la obra de Cristo es la salvación de la condenación del pecado, y que toda injusticia social es una consecuencia del pecado.

Por lo tanto, la solución no pasa por cambiar el modelo de políticas sociales, sino que, por la redención de la humanidad desde la pena, el poder y la presencia del pecado. Mientras el hombre (incluyendo la iglesia de Cristo), no sea redimida de la presencia del pecado, no hay posibilidad alguna de cambios reales y permanentes de la injusta sociedad en la cual vivimos. De ahí que Pablo dijo: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” 1ª Corintios 15:50.

 La biblia presenta diversos casos de gobiernos corruptos y prevaricadores, que, a pesar de ser religiosos, no demostraban ser verdaderos creyentes. Recordemos la dinastía de Caín, donde emerge un imperio poderoso del tirano e inmoral Lamec, sin embargo, sus hijos fueron prósperos en la ganadería, las artes y la industria metalúrgica (Génesis 4: 17-24). El dictador Nimrod (Génesis 10: 8-9) y su imperio de babel (Génesis 11:1-4), el tirano Faraón de la dinastía SETI, que envió a matar a los varones recién nacidos (Éxodo 1: 22), o la corrupción del rey Acab y su esposa Jezabel (1º reyes 16: 30-33). El propio filósofo griego Platón (427 – 347 a.C.) escribió su afamada obra literaria “Republica” en donde ya exponía precisamente acerca de la corrupción infaltable de la política de su tiempo. Muchos sabios han dado su apreciación y diagnóstico, pero no pueden dar con la solución. Hace poco oí un prestigioso historiador de ideas políticas de izquierda que decía literalmente: “mientras el hombre no cambie desde adentro, ninguna política solucionará los profundos conflictos sociales”. Es decir, este intelectual ateo, reconoce que el problema no es social, sino que mana de la profundidad del defectuoso corazón humano. Un buen diagnóstico, pero sin solución.

Pero La biblia sí nos entrega el diagnóstico y la solución. La corrupción es producida por el pecado, y la solución es la glorificación de los creyentes mediante la final redención de la presencia del pecado. Por eso es que Pablo dijo: “…la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” 1ª Corintios 15:50. Por tal motivo, la iglesia de Cristo y el santo evangelio de Jesucristo no tiene nada que ver con política partidista ni con la búsqueda de los poderes temporales. Ese no es su objetivo.

La historia del hombre es una larga historia de pecado y corrupción, y ninguna fórmula política ha solucionado el mal esencial de la sociedad.  ¿Qué político, científico o prominente jurista te va a hablar del pecado? Ellos te van a hablar de economía, emprendimiento, de autoestima o de derechos humanos, pero nadie que no haya nacido de nuevo, te dirá que el mal de la humanidad se llama pecado, y que ni la derecha ni la izquierda, ni ningún hombrecito lo puede solucionar. Es imprescindible la redención de la presencia del pecado el día de la glorificación.

La biblia enseña que la tierra le fue dada al hombre, para cuidarla y para vivir de ella (Génesis 1:28-29). Una vez que entra el pecado en la humanidad ¿Qué ha hecho el hombre? Ha comercializado y sobreexplotado la tierra con intereses mezquinos en contra de la voluntad de Dios. A tal punto es la pecaminosa avaricia del ser humano, que a “sangre y fuego”, los más poderosos, se han adueñado del mundo y de sus recursos naturales y han subastado la tierra a su antojo; empuñando su inmunda mano en contra del Creador; diciendo que el mundo y sus recursos naturales no soportan más gente, por lo tanto, sería necesaria la exterminación de parte de la población, como lo presenta la teoría malthusiana de la cual hemos hablado en otros artículos.

Es sin duda, aquella élite mezquina y siniestra que se distribuye en todos los países y estados actuales; y que sirve al diablo y sus planes maléficos de dominio y tiranía. ¿tú crees que un color político podría hacer frente contra tal envergadura de maldad y de poder? Solo Cristo en su segunda venida les hará frente, y con su vara de hierro, pondrá en orden a todas las cosas (Apocalipsis 19: 15). Solo entonces se cumplirá el ruego del nuestro Señor Jesucristo cuando les enseñaba a orar a sus discípulos al decir: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” Mateo 6:10.

Recordemos pasajes de la historia y de la política universal, como el establecimiento del feudalismo y el abuso de las monarquías. La revolución francesa, el capitalismo y el comunismo, la revolución industrial, etc. ¿Quién ha solucionado el problema de raíz? ¿? ¿Karl Marx? ¿Milton Friedman? ¿la derecha e izquierda política? Seamos sinceros como creyentes en Cristo y su Palabra. Ni los más grandes científicos, economistas y ociosos pensadores de toda la historia, han podido desatar el nudo del problema humano. O ¿Me vas a decir que ahora la iglesia evangélica tiene la receta que dará un giro para solucionar los problemas sociales mundiales? No te engañes. Solo Cristo y su reino justo establecerá un gobierno limpio, justo, y de paz duradera. Abandona aquella falaz idea del “mal menor”.

¿Dios de derecha y el diablo de izquierda?

La antigua escuela filosófica persa del “maniqueísmo” (Siglo III d.C.) presentaba la idea de la lucha encarnizada de dos fuerzas equivalentes como “el bien y el mal”. Los orientales la llaman el “yin y el yang”. A partir de estos postulados filosóficos que permearon la religión, con el tiempo se ha llegado a crear la popular y absurda idea de que Dios sería de derecha y Satanás de izquierda, es decir, creyentes v/s ateos. Recordemos las sangrientas campañas “evangelistas” de las tristemente célebres cruzadas (1095 – 1291 d. C), en donde ya se hablaba de “buenos y malos, de moros y cristianos” quienes derramaban sangre en pos de intereses mezquinos y luchas de poder a favor de la poderosa élite de siempre. Casi dos siglos de masacres en “nombre de Dios”. El mismo fascismo de Franco o de Mussolini o el nazismo de Hitler; tres personajes profundamente religiosos que imponían sus dictaduras en nombre de Dios. No olvidemos que fue el Papa Pio XII quien bendecía las tropas y los agentes “SS” de Hitler que exterminaron a más de seis millones de judíos en los campos de concentración. Y todo, “en nombre de Dios”.

También recordemos la antigua “guerra fría” (1945 – 1989) posterior a la segunda guerra mundial, en donde las dos naciones súper potencias: Los Estados Unidos y La (entonces) Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se repartieron el mundo a su antojo. Ambas, hacían y deshacían según sus propias políticas e ideas maniqueas.  En ese orden, Dios habitaría en La Casa Blanca de Washington y Satanás en el Kremlin de Moscú. Una sede blanca y la otra roja. Dios bajo la bandera de la libertad capitalista y Satanás con la bandera de la hoz y el martillo comunista. Unos buenos y los otros malos, o como alguien dijo una vez: “un cáncer que deben ser extirpado”

Un día entrevistaban a un famoso, y ya extinto “obispo” de una ostentosa catedral evangélica de Santiago de Chile, quien de manera determinante “enseñaba” que los 2 caballos, el de color blanco y rojo de Apocalipsis 6:2-4, representaban al capitalismo y el comunismo respectivamente. En su lógica arbitraria y evidentemente teñida de política ignorante, para él, el jinete del caballo blanco era Jesús, y el del caballo rojo, el diablo comunista (por eso que es rojo – decía ese “obispo”, que, dicho sea de paso, acumuló grandes riquezas a costa de los fieles que le daban sus diezmos).

Aunque parezca irrisorio, esta caricatura fue acrecentándose más y más en las nuevas generaciones evangélicas, y cuanto más, en aquellas que se desarrollaron en medio dictaduras ideológicas, y que lamentablemente, rara vez toman un libro para leer la historia universal e instruirse, aunque sea un poco. Lo patético, es que la iglesia evangélica cayó y sigue cayendo en el mismo abismo de la ignorancia. Especialmente sus líderes, formados en una verdadera dinastía religiosa, con ideologías y dogmas heredados de sus padres, y sin la más mínima intención de revisarlos, ni menos corregirlos.

Algunos piensan que porque un individuo dice: “yo creo en Dios”, o “yo soy cristiano”; o tan solo porque menciona a Dios en sus discursos políticos y toma una biblia en sus manos, el tal es un verdadero creyente. Ante esa tónica muy popular y arraigada en el seno de la iglesia evangélica, la biblia nos manda a discernir y a probar todo espíritu o intensión que salga de la boca de los hombres (Mateo 7: 21, 1ª Tesalonicenses 5:21, 1ª Juan 4: 1), y cuanto más, entendiendo que aquellos que usan el nombre de “Dios” para alcanzar sus fines partidistas, son los peores en términos de engaño e hipocresía. Porque es preferible un sincero ateo que un hipócrita religioso. La experiencia confirma que es mucho más fácil presentarle el evangelio a un ateo, que a un orgulloso y altivo religioso. Ahí tenemos la propia experiencia del Señor Jesús, que comía con la “lacra social”, pero que eran personas que lo oían, en lugar de aquellos hipócritas religiosos que confiaban en sí mismos, y que buscaban al Señor para denostarlo y capturarlo. No en vano dijo El Señor: “los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mateo 21: 28-31; 9:11, Marcos 2:16)

El ejemplo de los herodianos

La biblia nos muestra a aquellos religiosos y políticos herodianos que tentaron al Señor con palabras hipócritas, lisonjeras y falsas: “Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios” Marcos 12: 14. Quizás nuestro defectuoso corazón lleno de “amor”, nos llevaría a creer fielmente lo que estos herodianos le decían al Señor. No puedo evitar recordar como Abraham fue engañado con las mismas palabras falsas de un tal filisteo Abimelec (Génesis 21:22), o Josué ante la pantomima de los gabaonitas (Josué 9: 4-5).  Pero Cristo, cual Dios soberano y omnisciente, no podía ser engañado. Él conocía aún las intenciones de sus corazones, y les respondió con gran claridad y sin vacilación: “¿Por qué me tentáis, hipócritas?” Mateo 22:18

¡Qué gran lección de discernimiento! nos deja nuestro Señor Jesucristo. Y que necesario en estos días cuando los líderes de iglesias no disciernen nada, y se rinden al más mínimo giño de ojo de algún político de turno, quien con sonrisa socarrona presume ser cristiano y defensor de los intereses de Dios.

De este episodio desprendemos una profunda enseñanza respecto a la hipocresía de la religión con intereses de política partidista. Los herodianos eran precisamente una facción del judaísmo muy arraigada con la política y el estado. Eran simpatizantes y servidores de Herodes, de ahí su nombre. Es la mixtura más pura y evidente entre lo santo y profano, la cual Dios tanto aborrece.

Por un minuto podríamos imaginarnos que El Señor habría tenido la ocasión de “negociar” políticamente con los poderes facticos en pos del establecimiento de su reino. Recordemos que él habló con los máximos líderes políticos y religiosos. Su memorable encuentro con Pilato, Herodes, Anás y Caifás podría haber sido la gran oportunidad de presentar sus argumentos con “altura de mira” y con una “mente abierta” para lograr la unidad y los resultados para el reino de Dios. Pero bien sabemos que Cristo no negoció la verdad, sino que cumplió fielmente los designios de su Padre. Él no vino para hacer política con los hombres, sino que para salvarlos de la condenación del pecado. Y ahora, su iglesia, no está para promover la política ni sus políticos, sino que para predicar fielmente el evangelio para vida eterna y nada más.

Dios está por sobre la derecha y la izquierda política.

En esta última parte de este artículo, veremos por la biblia como Dios condena desde su carácter santo, las posiciones de derecha e izquierda. Ambas no cumplen con las exigencias de la moral de Dios, aun cuando la derecha se diga profundamente “religiosa” o promotora de la caridad, la infalible justicia de Dios termina por reprobar a todo hombre que pretenda eludirla.

Como sabemos, en la derecha política, hay partidos que hacen alarde de su profunda religiosidad. Por ejemplo, la actual democracia cristiana, la unión demócrata independiente, renovación nacional o el emergente Partido republicano que aglutina también a evangélicos fanáticos de un “nacionalismo” enfermizo, dogmático y de ultraderecha religiosa; los del Opus Dei, los apóstoles de Schoenstatt, los legionarios, etc. Ellos creen promover la enseñanza de Cristo mediante la política partidista. Algunas facciones extremistas, hasta justifican las armas en nombre de su idea de cristianismo. No olvidemos que el propio Agustín de Hipona del siglo IV, validó el uso de la violencia y las armas para imponer su visión de iglesia.

Son personas de un alto concepto de sí, a tal punto, que se creen buenos y dignos de llamarse cristianos. Algunos son personas acomodadas que se jactan de sus familias numerosas, porque, al no usar ningún método anticonceptivo, se siente más santos y merecedores del don de Dios con aquel clásico cariz de fariseísmo religioso.

Hay otros que, cual aventura, dejan por un tiempo su comodidad y privilegios, para relacionarse con “gente pobre”, y ejercer así lo que ellos llaman “la caridad” que su religión les impone como requisito para entrar al cielo. Es así como ellos liderando una bandera partidista, se presentan como los paladines de los pobres y de los derechos del obrero. Es la conocida salvación por obras que Dios aborrece. Ellos dan limosna y las publican. Con justa razón alguien dijo: “¿…que haces dando limosnas, si con tus usuras y tus empresas creas a cientos de limosneros…?”. Cristo fue muy claro en condenar a quienes dan limosna y publican sus proezas:

“Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; … Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Mateo 6: 2-4

 ¿No es esto lo que todo político hace cuando otorga sus limosnas? ¡Claro que sí! El aspaviento de alguna buena obra siempre llevará consigo la hipocresía de la que habló nuestro Señor.

En lo particular, la derecha política mediante su conservadurismo religioso dice promover los valores cristianos, como la acérrima oposición a la agenda mundial neo marxista pro-aborto, matrimonio de homosexuales, LGBTQ+ eutanasia, etc. Ellos dicen seguir la moral de Dios. Por eso, sería la única opción política que Dios aprobaría para frenar la maldad y la corrupción de este mundo. Ellos dicen estar a favor de la vida y de la familia.  Sin embargo, son los mismos que han promovido y defendido sistemáticamente la violencia, la muerte, la asimetría social, la desigualdad y la injusticia que destruye la misma familia que ellos dicen tanto defender. La biblia dice:

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia” Santiago 5:1-6

 Ellos dicen que son “pro-familia”, porque se oponen fuertemente a la despenalización del aborto y al avance de la agenda LGBTQ+, eutanasia, etc. Sin embargo, “ni una palabra” sale de sus bocas en contra del abuso e injusticia al trabajador, al desvalido y necesitado, quién también es parte de “la familia” que ellos dicen tanto defender.

Bien sabemos que buscan con “dientes y uñas” mantener el “status quo” y su un modelo económico que ha profundizado mas y mas la desigualdad, dando “rienda suelta” a un sistema perverso de capitalismo diabólico que solo beneficia a unos pocos. Ellos se jactan de ser buenas personas, cristianos, conservadores y dignos de ser llamados “patriotas”, pero con sus hechos y el manejo de sus riquezas borran con el codo lo que escriben con la mano, lo que deja al descubierto aquella cínica postura e incoherencia que la Palabra de Dios condena enérgicamente:

“No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana. No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. balanzas justas, pesas y medidas justas tendréis” Levítico 19:13; 35 -36

“No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habita en tu tierra y en tus ciudades” Deuteronomio 24: 14-15

 “Ay del que edifica su casa sin justicia y sus aposentos altos sin derecho, que a su prójimo hace trabajar de balde y no le da su salario” Jeremías 22:13

 “Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen–dice el SEÑOR de los ejércitos” Malaquías 3:5

“Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo: ¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza, para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de zapatos, ¿y venderemos los desechos del trigo? Jehová juró por la gloria de Jacob: No me olvidaré jamás de todas sus obras” Amos 8:4-7

Estos textos, entre tantos otros, muestran como Dios habla con expresa claridad acerca de los prevaricadores y que abusan con su poder al débil, menesteroso, inmigrante, etc. Como vemos, la derecha política y religiosa, no representa la moral del Dios de la biblia.

La izquierda política por su parte proclama orgullosamente su ateísmo (la mayoría) y eleva al “hombre” por sobre cualquier otro valor de concepción religiosa. Ellos excluyen deliberadamente a Dios en sus planes, y ponen al hombre y el humanismo en el centro. Creen que el hombre (humanidad) es capaz de llegar a la libertad, justicia y equidad, aun observando una larga historia de fracaso negando esta evidente quimera.

Por ser una posición política autollamada “progresista”, de un antropocentrismo “antinomia” (sin ley absoluta) que se basa solo en el bienestar y felicidad del hombre, la izquierda se ve atrapada en el libertinaje moral, en donde no existe la verdad, ni dogmas, ni reglas absolutas que limiten el desborde propio de la naturaleza del ser humano, quien siempre tiende a corromperse en lugar de actuar sobre los valores universales de la verdad y la justicia. Todo hombre sin reglas y sin fiscalización termina corrompiéndose por causa del pecado. Pero claro, bien sabemos que la izquierda política niega a Dios y a su moral, y por consecuencia, el pecado que cada ser humano lleva dentro. Dios les dice:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien” Salmos 14: 1

 “… se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios…cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas (al hombre) antes que, al Creador…por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” Romanos 1: 21-28

Esta facción política elimina de raíz todo principio judeocristiano, porque para la izquierda lo moral y lo ético manan solo desde la concepción humanista y científica. En sus proyectos y deliberaciones, no aparece Dios ni su ley que limitan el potencial desenfreno del hombre. Esto los lleva a caer en la total contradicción y evidente paradoja que pretende defender “los derechos del hombre y de los más débiles”, pero que, una vez llegados al poder, sus arraigos socialistas en pro de los derechos de los hombres, solo queda en el recuerdo de frases románticas y nada más. Como muchas veces se ha dicho, los enérgicos “antiburgueses”, terminan siendo burgueses sirviéndose del estado con su mano empuñada y su clásica hoz y el martillo de escudo.

¿Cuántos “revolucionarios” con nombre y apellido hemos conocido, y que han mostrado su puños de lucha y consignas del proletariado, pero que después que reciben poder, se olvidan de sus románticos y motivadores discursos, los que quedan lapidados tras sus nuevas y suculentas cuentas corrientes alimentadas por el propio estado? ¿No caen en la misma inconsecuencia que ellos tanto critican?

El ejemplo de los Zelotes

La biblia y la historia judeocristiana, presenta la existencia de facciones políticas revolucionarias que pretendieron torcer la tiranía de Roma. Eran los famosos “zelotes”, cuya palabra se traduce según el vocablo transliterado al español: “celosos”. Ellos fueron personas revolucionarias y “celosas” del nacionalismo judío, que escogieron el camino de las armas y la revolución para derrocar la dictadura y abuso del imperio romano. Se dice que Barrabás fue uno de ellos (Marcos 15:7; Lucas 23:19), y también uno de los discípulos de Jesús llamado Simón (Lucas 6:15; Hechos 1:13)

Entre los años 66 al 73 d. C, se produjeron las conocidas revueltas judeo- romanas que estallaron a partir del abuso y martirio de un judío en manos de las autoridades romanas apostadas en el territorio de Israel. Entre los revolucionarios ultranacionalistas, había un famoso historiador llamado “Josefo”, quien Inicialmente luchó contra los romanos como jefe de las fuerzas judías en Galilea, hasta que se rindió el año 67 d. C. a las fuerzas romanas dirigidas por Vespasiano. Luego cambió su nombre a Flavio congraciándose así con la cultura romana. De revolucionario a un “burgués acomodado”.

Este ejemplo, no apunta a denostar a Flavio Josefo como traidor, aunque así lo llamaron los judíos nacionalistas de su época, y hasta el día de hoy; sino que el argumento deja en evidencia la inconsecuencia del hombre que dice correr tras ideales nobles, pero no suficientemente fuertes ante la tentación del dinero, comodidad y el prestigio. A la izquierda política también le ha pasado lo mismo, y le seguirá pasando. Como dice Dios: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1ª Timoteo 6:10), ante el cual, no hay izquierda revolucionaria que no se doblegue.

El “mal menor” y los planes soberanos de Dios.

Como vemos, no existe “mal menor” como opción política ante el carácter justo y santo del Señor. Nadie da la altura ni anchura de verdad y justicia. Sin embargo, quienes creemos en la absoluta soberanía de Dios, sabemos que Dios aún, usa todo este sistema corrupto para llevar a cabo sus planes determinados desde antes. Quizás esta frase le sorprende, pero es lo que la biblia dice. No olvidemos que Dios utilizó cuervos para alimentar al profeta (1º reyes 17:4-6) y un burro para reprender al adivino Balaam (Números 22:28).

Dios permitió que se levantara un tirano faraón de la dinastía Seti para irse en contra de su propio pueblo y llevar así su planes determinados (Éxodo 1:22; Romanos 9:17); Dios permite que se mueva un “poder engañoso” para evidenciar a aquellos que odian la verdad (1º Reyes 22: 20-22; 2ª Tesalonicenses 2: 11-12); Dios permitió aquellos reyes nefastos que gobernaron Israel y Judá. Fue Él quien permitió la invasión de los asirios al reino de Israel, del caldeo Nabucodonosor a Juda, de Ciro, Darío, Artajerjes, Antíoco IV, Herodes, Poncio Pilato, etc. etc. (Salmos 2: 1-4, Hechos 4: 27-28). Dios tiene el control de todo lo que pasa “debajo del sol” y nada le sorprende. Él no tiene plan “B”. Él pone y saca reyes (Daniel 2: 21), permite la paz, pero también la adversidad (Isaías 45: 7). La biblia es categórica en decirnos que no hay nada que ocurra en la tierra que Dios no haya permitido conforme a sus soberanos propósitos:

¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?  Amos 3:6b

“¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? Lamentaciones 3: 37-39

 Estamos en tiempos que el llamado “pueblo de Dios” niega la soberanía de Dios; quizás no de labios, pero sí con los hechos y enseñanzas. Mientras Pablo nos enseña que debemos orar por las autoridades (del color político que sea) para que vivamos “quieta y reposadamente” (1ª Timoteo 2: 1-2), observamos un pueblo evangélico muy inquieto; polarizando políticamente la iglesia, y pretendiendo “tomar el control”, y cual Pedro, “desenvainando la espada” para supuestamente  defender al Señor, buscando caudillos y aliados del “mal menor” para promover candidaturas políticas. ¡Que insulto al Señor!

Amados hermanos, El Señor no necesita la política contingente y partidista para llevar a cabo sus planes que él ha decretado de antemano. No olvide que Él mira de arriba y se ríe de aquellos que se amotinan del bando que sea (Salmos 2:4).  Salgamos de la babilonia religiosa que so pretexto de “evangelizar”, ha contaminado la pureza del evangelio; cuyos ministros apelan a la filosofía, la sociología, al marketing y a la política corrupta para, según dicen, “extender el reino de Dios”. “Salid de en medio pueblo mío dice El Señor” (2ª Corintios 6: 17; Apocalipsis 18: 5). El que lea entienda.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo no abra el entendimiento para comprender este importante tema. Que así sea. Amén. Maranata

PEL11/2021

 

 

 

 

 

 

 

 


2 comentarios

luis · 12 de febrero de 2022 a las 12:45

Excente escrito, un poco largo, pero se que es un tema que no se puede discutir en un solo parrafo. Pero nuevamente lo felicito, pues a veces pienso que soy el unico que pienso asi. Dios le Bendiga.

luis · 12 de febrero de 2022 a las 12:51

Excelente escrito, aunque un poco largo, aunque se que es un tema que no se puede discutir en un solo parrafo. A veces me siento que soy el unico que piensa asi. Dios lo Bendiga.

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