“sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” Mateo 10:16b


En primera lectura, este texto parecería ser una mera sugerencia o consejo opcional, pero el verbo de modo imperativo nos aclara que es un mandamiento del Señor para con sus discípulos. Él les está ordenando a ser “prudentes y sencillos”. Note que no es una opción, sino que un mandamiento.

Esta orden parte desde que Jesús les advierte: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos” (Mateo 10: 16a), lo que nos permite aprender que sus discípulos de Cristo transitarían en un ambiente hostil y peligroso. El Texto dice “en medio de lobos”, es decir, en medio de un mundo feroz y maligno que sigue la corriente del príncipe de este mundo, Satanás.  En lo particular, El Señor les advierte sobre la feroz persecución que ellos enfrentarían de los líderes judíos.

El principio de esta enseñanza, es perfectamente aplicable a nosotros, y la recibimos como una orden del Señor porque que somos discípulos de Cristo a través de su testimonio escrito. Sin duda que cada creyente en la actualidad también transita como ovejas en medio de lobos, enfrentando la adversidad y constante amenaza de las huestes del mal; resistiendo a satanás, quien hasta ahora sigue gobernando este mundo de maldad (1ª Juan 5:19).

Y ¿Cuál es el deseo de satanás? Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” Juan 10:10. En este pasaje, “el ladrón” es un tipo o figura de satanás. Pedro dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1ª Pedro 5:8. Por su parte, Pablo enseña que los creyentes tienen una dura lucha con satanás y sus huestes (Efesios 6: 11-12). De manera que vamos comprendiendo aún más, el porqué del mandamiento trasversal de nuestro Señor a ser “prudentes y sencillos”.

Sed prudentes como serpientes

En primer lugar, analicemos la palabra “prudente”. Si observamos el vocablo original, descubrimos que alude a la acción de estar atentos; a ser cautos, astutos y sagaces. Curiosamente El Señor pone de referencia a la serpiente, pero no para reivindicar la “serpiente antigua que con su astucia engañó a Eva” (2ª Corintios 11:3, Génesis 3: 1-4), sino que para observar cómo actúa este animal en particular, para capturar su presa como alimento y sobrevivir ante otros depredadores.  La serpiente antes de cazar es prudente y astuta. Observa y analiza pacientemente antes de actuar. No es compulsiva y sabe muy bien cuando debe atacar, cuando abstenerse o cuando hay un peligro acechando.

A veces los creyentes no creemos que estamos viviendo en medio de lobos como dijo El Señor. Por lo tanto, no somos lo debidamente prudentes, y, en consecuencia, confiamos plenamente en todas las personas, y nos “abrimos” imprudentemente con mucha facilidad en una actitud trasparente y sin desconfianza. Esta actitud, aunque sincera, carece de la prudencia que siempre debemos aplicar. Satanás es experto en usar a personas y situaciones engañosas, de las cuales nunca sospecharíamos que tras de sí, existe una manipulación y maquinación para concretar la maldad en contra de los hijos de Dios.   No en vano el Señor nos manda a ser prudentes (astutos, sagaces, despiertos, etc.).

Nuestra mente natural, hace de nosotros personas “tan buenas” y cándidas, que a veces, sin quererlo, transgredimos el carácter de Dios; presumiendo ser “más misericordiosos que Dios”, sin discernir el verdadero amor cristiano, el cual no se goza en lo incorrecto, sino que se goza en la verdad. La religión (cual quiera esta sea), siempre ha presumido aquello; poniendo en alto un amor lisonjero y vacío que pasa por alto la veracidad y la justicia de Dios, y que eleva a los hombres, aun con las “manos al fuego” en términos de confianza.

Mucho se escucha en los medios de comunicación, en los políticos y en la sociedad en general: “yo confío en el hombre”. Y de esto, la iglesia no está ajena o distante, porque son los mismos religiosos que ponen su confianza en políticos del color que sea como canal de solución a los problemas que aquejan a la sociedad. Pero la biblia nos llama a desconfiar aun de nosotros mismos. Pablo dice: “Ten cuidado de ti mismo…” 1ª Timoteo 4: 16a

La prudencia a la cual El Señor nos llama, ha de estar siempre puesta en medio de un mundo de maldad. La prudencia involucra actuar con cautela y con recelo. Recordemos el error de Abraham quien imprudentemente y sin consultar al Señor, establece un pacto con el filisteo Abimelec, quien con lisonjas y palabras fingidas, hizo de Abraham una “presa” fácil para ser engañado y cometer tal error (Génesis 21: 23-24). De la misma forma, Josué no fue lo suficientemente prudente y permitió que los astutos gabaonitas entraran encubiertamente al campamento (Josué 9: 1-15). La biblia dice que los falsos religiosos hacen uso de adulaciones y palabras fingidas para sacar provecho (Judas 1:16) Por lo tanto, debemos ser prudentes. No pequemos de desconfianza, pero tampoco pequemos de indolencia. Jeremías dice: “Maldito el varón que confía en el hombre” Jeremías 17:5. Seamos prudentes como serpientes.

Notemos que los enemigos de Cristo y de sus discípulos, no fueron las personas del vulgo, sino que la casta religiosa y “buena”, que siempre se opone, cual lobo rapaz, al avance del evangelio. Ese es el peligro número uno, ante lo cual el Señor nos llama a ser prudentes como serpientes. La maldad normalmente se encapsula con palabras fingidas, religiosas y muy “espirituales”. El Señor le advierte a Ezequiel: “Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te halles entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones…” Ezequiel 2: 6

La prudencia es fruto de la madurez, y la madurez es fruto de “no ser tardo para oír” la Palabra de Dios. El Señor quiere que crezcamos para madurar y para poder ser prudente en todas las áreas de nuestra vida. Preguntémonos: ¿Cuántos errores como cristiano habríamos evitado si hubiésemos sido prudentes? El Señor no quiere que sigamos siendo niños fluctuantes, que suben y que bajan, sino que maduros en Cristo. (hebreos 5: 11-14, Efesios 4: 14).

Sed sencillos como palomas

En segundo lugar, vemos que El Señor nos manda a ser sencillos. La palabra original denota la idea de inocencia y humildad. Acá El Señor pone de referencia a la paloma.

Este animal es muy tímido. Todos habremos estado observando más de una vez a las palomas mientras se acercan y buscan alguna miga de alimento para comer, pero solo basta con el más mínimo ruido o gesto que podamos hacer, para que la tímida e intimidada paloma abandone su alimento y emprenda su vuelo para alejarse. Sin duda que vemos un gran contraste entre la serpiente y la paloma, del mismo modo, vemos la diferencia entre la prudencia o astucia y la sencillez o inocencia.

El recorrido de la vida cristiana, las malas experiencias o desazones propias de los matices de la vida, nos podría volver tan insensibles frente a las personas, que desconfiaríamos de todo y de todos de una manera desproporcionada y casi paranoica. De ese modo, se secarían nuestras lágrimas, nos petrificaríamos de apatía y nada nos conmovería. Pero eso no es la voluntad de Dios. Una vez me decía un hermano: “con el tiempo uno se va poniendo cuero de chancho…”, lo que significa, que los constantes problemas y decepciones, endurecen el corazón y las emociones (aludiendo a la dura piel del cerdo). Eso tampoco es la voluntad de Dios. Él quiere que complementemos la necesaria prudencia o astucia, con la sencillez o inocencia de una paloma.

Por tal razón, asoma oportunamente esta palabra “sencillos” como paloma, precisamente para que la tierna inocencia y humildad que nos suministra Cristo, nunca desaparezca; aun estando en medio de lobos que nos han querido devorar. Nunca olvides amado, que El Señor oró por los verdugos en el monte del Gólgota (Lucas 23:34)

La sencillez, inocencia y humildad a la cual nos manda El Señor, nos permite experimentar la dependencia de Dios. Así como la paloma no tiene recursos de autodefensa, nosotros dependemos plenamente del poder de Dios (Efesios 6:10). Aunque estamos transitando en un mundo malo y con malvados que desean lo peor para nosotros (aunque nos cueste creerlo), “la sencillez de la paloma” nos impedirá volvernos insensibles e indiferentes, sin amor y sin amabilidad. No olvidemos que el propio Espíritu Santo de Dios, Soberano, Omnipotente y Eterno, también es representado como una sencilla paloma (Mateo 3: 16).

Que sencilla, pero no menos profunda enseñanza nos entrega nuestro Señor Jesucristo ante estas dos palabras, que, aunque aparentemente antagónicas y de implicancias distintas, son absolutamente complementarias para el carácter de todo creyente.  Como siempre estamos recordando, Dios quiere que seamos sobrios, es decir, equilibrados. Cualquier asomo de desbalance o desequilibrio, nos llevará a la inestabilidad y al fracaso final. Y así precisamente ocurriría si a la prudencia o astucia, no le aplicamos sencillez o humildad, y viceversa. Dios quiere que transitemos en este camino angosto siendo prudentes y sencillos.

Que La gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude en aquello. Que así sea. Amen.

PEL 09/2020

Categorías: Devocional

1 comentario

Sandra · 21 de septiembre de 2020 a las 07:53

Gracias hermano Pablo,tremenda exhortación a discernir,a estar sujetos al Señor a la guianza del Espíritu Santo para actuar sabia y prudentemente en cada una de las actividades diarias ,considerando que cada día trae su propio mal ,afán, gracias por reafirmar las enseñanzas a estar atentos a las advertencias,enseñanzas de nuestro Señor.
Un abrazo en Cristo Jesús.
Maranata ❗️❗️❗️❗️

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