“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” Salmos 46:10


La quietud no parece ser una virtud muy ejercitada en el pueblo de Dios. Es más bien, el constante afán, la desesperación o la impaciencia las que hacen de nosotros presa fácil en medio del escenario de tribulación. Este mundo en sí, es un escenario de tribulación y de constante turbación. No en vano nuestro Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos: “no se turbe vuestro corazón” Juan 14:1a y “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33. Por causa de muestro pecado, es mucho más fácil vivir atribulado que confiar en aquel que ha vencido al mundo.

 En cualquier escena, por mas más lóbrega o de profunda confusión que sea, siempre estará La Infalible Palabra de Dios, y que ahora nos dice: “Estad Quietos”.  En primer lugar, consideremos que no es una invitación, sino que Dios nos manda a que estemos quietos cuando las circunstancias nos asedian y nos llenan de temores. Es un imperativo de Dios el estar quietos, en lugar de caer en la desesperanza o descontrol. Quizás un gran ejemplo lo tenemos en Maria y Marta, las amigas de Jesús. Maria, fue a aquella que “escogió la buena parte”, es decir, estar quieta oyendo apaciblemente la voz del Señor. Pero Marta, fue aquella que estaba muy afanada y turbada haciendo muchas cosas (Lucas 10: 39-42)

En segundo lugar, es interesante ver que, en el salmo citado, la palabra “quietos” deriva del vocablo hebreo “rapha”; la misma palabra usada cuando Dios se revela al pueblo como “Dios sanador” [auxiliador]. No olvidemos que Israel (al igual que nosotros) era un pueblo muy querelloso y “rezongón”, y que, en ese episodio en particular, le reclamaba a Moisés por la necesidad imperiosa de beber agua en medio del desierto. Recordemos que cuando Moisés y el pueblo cruzan el Mar Rojo, llegan a Mara, pero allí no pudieron beber de esas aguas porque eran amargas (Éxodo 15:22-23). En esa memorable escena, es cuando Dios prueba al pueblo y les recuerda que Él era su “Dios Sanador” (Yah·weh rapha): “…porque yo soy Jehová tu sanador” Éxodo 15:26.  Allí se utiliza la misma palabra “rapha” que el salmista usa en el salmo 46:10 que encabeza esta reflexión titulada “estad quietos”.

Es notable considerar que “rapha” apunta a la acción, no solo de estar quieto y en silencio, sino que además sugiere la idea de experimentar la debilidad y la dependencia, para poder comprobar que Dios es “rapha”, es decir, que Él es nuestro auxiliador en el momento oportuno.  Es necesaria nuestra rendición incondicional ante el Dios Auxiliador.  Dios nos prueba constantemente para que experimentemos nuestra debilidad, y a su vez, nos gocemos con su fiel y amoroso rescate.

Consideramos que el Salmo 46 habla precisamente de momentos de tribulación y de prueba, y que hasta “las naciones braman y titubean los reinos” (verso 6). Pero aún en medio de ese “torbellino”, ahí también está el Dios soberano teniendo el control de todo. Es en esos momentos hostiles, cuando el pueblo de Dios precisamente debe estar quieto esperando la intervención del Soberano, quien ciertamente extenderá su fiel protección y amparo. Es así como termina este hermoso salmo: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah” Salmos 46:11

Hay un pasaje que también nos ayuda a aprender que en ciertos momentos debemos estar quietos para presenciar la gloria de Dios mediante su fiel amparo y fortaleza. Es la única manera de que al finalizar todo, glorifiquemos solo a Dios, y no nos jactemos presumidamente de que “salimos de esa o aquella” circunstancia, gracias a nuestra supuesta fuerza, capacidad y estrategia. La biblia dice:

“No habrá para qué peleéis vosotros en este caso: paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová estará con vosotros” 2º Crónicas 20:17

Este pasaje es tremendo. El contexto es la inminente invasión a Judá, del multitudinario ejercito de la coalición de Moab y Amón. En ese tiempo reinaba Josafat (rey de Judá) quien, al enterarse del avance del peligro, hizo lo que todo creyente humilde y dependiente de Dios debe hacer:

1. Tuvo Temor. Confiesa su miedo, su fragilidad y dependencia (Ver. 2a)

2. Se humilla él y el pueblo delante del Señor (Ver. 2b)

3. Él y el pueblo piden socorro a Dios y no a los hombres (Ver. 3-4)

4. Remite la causa al Dios todopoderoso y reconoce su soberanía (Ver. 5-13)

5. Oye atentamente la Palabra de Dios (en esos tiempos dada a través de los profetas) (Ver. 14-17)

6. Humildemente Él y el pueblo aceptan la Palabra de Dios y la guardan (Ver. 18)

La Palabra de Dios dicha por el profeta Jahaziel (levita) a Josafat, ordenó a que el pueblo estuviese “quieto” porque Dios aseguraba la victoria sobre la coalición militar de moab y amon. El texto dice: “…porque no es vuestra la guerra, sino de Dios” (Ver. 15). Tanto Josafat como el pueblo oyeron y guardaron la Palabra de Dios, y los resultados fueron de sumo gozo para la gloria de Dios (Ver.27).

Hoy estamos atravesando un tiempo de mucha turbación (confusión, desorientación, etc.), por lo tanto, que bien nos hace apropiarnos de la voz del salmista inspirado por el Espíritu Santo de Dios que nos dice: Estad Quietos y conoced que Yo soy Dios. Y cuando más, cuando vemos mucha cristiandad y sus líderes inquietos y desorientados, incluso al borde de la psicosis.

Este tiempo de prueba, es un buen tiempo para estar quietos y comprobar que Dios nos sostendrá, y que solo Él será glorificado en todo momento. Pero para experimentar aquello, necesariamente debemos revestirnos de esta palabra “rapha” que nos recuerda precisamente de que nuestra fragilidad, debilidad y dependencia, es la base de la perfección del poder de Dios en nosotros. Pablo dice que Dios perfecciona su poder en la debilidad (2ª Corintios 12: 9-10), Dios resalta la fidelidad de la iglesia en Filadelfia; no en su poder y valentía, sino que en su debilidad (Apocalipsis 3:8). Por lo tanto, Dios quiere que su pueblo esté quieto, y no con esa arrogante actitud “valentona” que algunos presumen; o aquella actitud querellosa y de continuo rezongo. Dios ha permitido este tiempo difícil para ver su gloria también. Por tanto, “estad quietos, y conoced que Él es Dios”.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos ayude a meditar en esto. Amen. Maranata.

PEL 08/2020

Categorías: Devocional

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